Hoy, 14 de septiembre, es la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, donde conmemoramos el hallazgo de la Santa Cruz en el año 320 por Sta. Elena, la madre del emperador Constantino. En los laudes se canta el himno ¡Oh, Cruz fiel! (Crux fidelis), que también se canta el Viernes Santo. No he encontrado información de este himno, aunque debe ser bastante antiguo, pues hay versiones en gregoriano. Espero que lo disfrutéis.
Oh, Cruz fiel
¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol en donde la vida empieza con un peso tan dulce en su corteza!
Vinagre y sed la boca, apenas gime; y, al golpe de los clavos y la lanza, un mar de sangre fluye, inunda, avanza, por tierra, mar y cielo, y los redime.
Ablándate, madero, tronco abrupto de duro corazón y fibra inerte; doblégate a este peso y esta muerte que cuelga en tus ramos como un fruto.
Tú, solo entre los arboles, crecido para tender a Cristo en su regazo; tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo de Dios con los verdugos del ungido.
Al Dios de los designios de la historia, que es el Padre, Hijo y Espíritu, alabanza; al que en la cruz devuelve la esperanza de toda salvación honor y gloria. Amén
Mañana celebramos la solemnidad de Pentecostés. Hay dos muy conocidas oraciones al Espíritu Santo. Una es la Secuencia del Espíritu Santo, que rezaremos en la Misa de mañana, y la otra es el Himno al Espíritu Santo, conocido por Veni creator Spiritus, que es la protagonista de la entrada de hoy.
Este himno es muy antiguo. Lo compuso el monje alemán Rabano Mauro, arzobispo de Maguncia, en el S. IX. A menudo es cantado, con un canto gregoriano muy bello. Y se usa especialmente en las dedicaciones de templos. A diferencia de la Secuencia, yo nunca lo he oído rezado sino en latín. Adjunto una traducción al Español, pero más para que se sepa lo que dice la oración original que para rezarla.
Rezad al Espíritu Santo, que bien lo necesitamos
Veni creator Spiritus
Veni creator Spiritus mentes tuorum visita, imple superna gratia, quae tu creasti pectora.
Qui diceris Paraclitus, altissimi donum Dei fons vivus, ignis, caritas et spiritualis unctio.
Tu septiformis munere dextrae Dei tu digitus, tu rite promissum Patris sermone ditans guttura.
Tenemos una fuerte tendencia al egoísmo: mis problemas, mis males, mis preocupaciones. Y el centrarte en ti te aleja de Dios. Desprenderte de ti es difícil. Incluso desprenderte de tus pecados es difícil. Necesitamos la ayuda de Dios para hacerlo.
Esta oración de Sta. Teresa de Calcuta va en este sentido. Pide al Señor que cuando yo esté preocupado por algo, me mande a alguien a quién ayudar, y así vaciarme de mí para llenarme de Dios.
Espero que os guste y os ayude.
Oración de Sta. Teresa de Calcuta
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida; Cuando tenga sed, mándame a alguien que necesite bebida; Cuando tenga disgusto, preséntame a alguien que necesite consuelo; Cuando esté pobre, ponme cerca de alguien necesitado; Cuando alguien me falte, dame la ocasión de alabar a alguien; Cuando esté desanimada, mándame a alguien a quien tenga que dar ánimos; Cuando sienta la necesidad de comprensión, mándame a alguien que necesite la mía; Cuando sienta la necesidad de que me cuiden, mándame a alguien a quien tenga que cuidar; Cuando piense en mí misma, atrae mi atención hacia otra persona.
Hazme digna, Señor, de servir a mis hermanos que viven y mueren pobres y hambrientos en este mundo de hoy. Dales, a través de mis manos, no sólo el pan de cada día, sino también mi amor misericordioso, imagen del tuyo.
Una devoción arraigada es la de los Siete domingos de S. José. De mi devocionario: Se consigue “indulgencia plenaria en cada uno de los siete domingos continuos a elegir entre año, con tal que, verdaderamente arrepentidos, confesados y comulgados, recen las oraciones que luego siguen, visiten alguna iglesia u oratorio público y rueguen allí por algún espacio de tiempo según la mente de Su Santidad.”
Sin entrar en las indulgencias, la devoción consiste en estar confesados, ir a misa y comulgar los siete domingos previos a la fiesta de S. José y rezar las siguientes oraciones, que se centran en siete dolores y gozos de San José.
Los siete domingos de San José
1.- ¡Oh Esposo purísimo de María Santísima, glorioso San José! Así como fue grande el trabajo y la angustia de vuestro corazón en la perplejidad de abandonar a vuestra purísima esposa, así fue inexplicable vuestro gozo cuando el Ángel os reveló el soberano misterio de la Encarnación.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, os rogamos que consoléis a nuestras almas ahora y en los últimos dolores con la alegría de una buena vida y una santa muerte semejante a la vuestra en medio de Jesus y María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
2.- ¡Oh felicísimo Patriarca, glorioso San José, que fuisteis escogida entre todos para el oficio de padre putativo del Verbo humano! El dolor que sentisteis al ver nacer el Niño Jesús en tanta pobreza, se cambió luego en alegría celestial oyendo la armonía angélica y viendo la gloria de aquella noche tan resplandeciente.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, os suplico que nos alcancéis que, después del camino de esta vida, pasemos a oír las alabanzas de los Ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
3.- ¡Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José! La sangre preciosísima que derramó el Niño Redentor en la Circuncisión os traspasó el corazón, pero el nombre de Jesús os reanimó llenándoos de gozo.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadnos que, quitado de nosotros todo vicio en vida, expiremos gozosos con el Santísimo nombre de Jesús en el corazón y en la boca.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
4.- ¡Oh fidelísimo Santo, que tuvisteis parte en los misterios de nuestra Redención, glorioso San José! Si la profecía de Simeón de lo que habían de padecer Jesús y María os causó un desmayo de muerte, también os colmó de un dichoso gozo la predicción de que ahí se seguiría la salud y resurrección de innumerables almas.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadnos que seamos del número de aquellos que por los méritos de Jesús y por la intercesión de María han de resucitar gloriosamente.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
5.- ¡Oh vigilantísimo Guarda, familiar íntimo del encarnado Hijo de Dios, glorioso San José! ¡Cuánto penasteis para sustentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente cuando tuvisteis que huir a Egipto!, pero ¡cuánto también gozasteis teniendo siempre con vos al mismo Dios y viendo caer a tierra los ídolos de Egipto!
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadme que, teniendo lejos de nosotros al tirano infernal, y especialmente huyendo de las ocasiones peligrosas, caiga de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno y, ocupados en servir a Jesús y María, para ellos vivamos solamente y muramos felizmente.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
6.- ¡Oh Ángel de la tierra, glorioso San José, que os admirasteis de ver al Rey del cielo sujeto a vuestras órdenes! Si vuestro consuelo al volver de Egipto se enturbió con el temor de Arquelao, sin embargo, asegurado por el Ángel, habitasteis alegre en Nazaret.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadnos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de la paz de la conciencia y, viviendo seguros con Jesús y María, ellos nos asistan en nuestra agonía.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
7.- ¡Oh ejemplar de toda santidad, glorioso San José! Perdido que hubisteis sin culpa al Niño Jesús para mayor dolor hubisteis de buscarle por tres días, hasta que con sumo júbilo gozasteis de vuestra vida hallada en el templo entre los doctores.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, os suplicamos de lo íntimo del corazón, que por vuestra intercesión jamás suceda que nosotros perdamos a Jesús con culpa grave, y que si por desgracia le perdiéramos, le busquemos con sumo dolor para hallarle piadoso, particularmente en nuestra muerte, a fin de que lleguemos a gozarle en el cielo, y a cantar allí con vos eternamente sus divinas misericordias
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Antífona: Tenía Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José.
– San José, ruega por nosotros
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oración: Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por esposo de tu Madre Santísima: concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como intercesor en los cielos. Oh Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En latín
Antiph.: Ipse Iesus erat incipiens quasi annorum triginta, ut putabatur, Filius Joseph.
– Ora pro nobis Sancte Ioseph.
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi
Oremus: Deus qui ineffabili providentia Beatum Ioseph Sanctissimae Genitricis tuae sponsum eligere dignatus es: praesta quaesumus, ut quem protectorem veneramur in terris intercessorem habere mereamur in caelis. Qui vivis, et regnas in saecula saeculorum. Amen.
O magnum mysterium (¡Oh, gran misterio!) es un canto de Navidad que se cantaba en los maitines. Hay muchas versiones, pero la de Tomás Luis de Victoria es una de las piezas más bonitas jamás escritas.
Estamos en Adviento. Y en este tiempo litúrgico hay ciertos himnos específicos, especialmente para la semana antes de Navidad. Uno de ellos es el Oh ven, oh ven, Emmanuel. Este himno proviene de las antífonas que se usaban en vísperas en la octava antes de Navidad. Algunas son muy antiguas, del s.IX o anteriores, aunque el himno que las recoge es posterior, del s. XVIII.
Hay varias músicas para este himno. La que dejo aquí es del himno latino, aunque hay una versión en inglés. Por su estilo, es probable que se compusiera primero para el himno en inglés y después se adaptara al original en latín.
La traducción española, como suele ser el caso, no es una traducción literal, sino que sólo mantiene el sentido de las antífonas originales, cambiando la letra con cierta libertad. Que el Adviento os prepare para una Navidad profunda.
Oh ven, oh ven, Emmanuel
Ya muy cercano, Emmanuel,
hoy te presiente Israel,
que en triste exilio vive ahora
y redención de ti implora.
Ven ya, del cielo resplandor,
Sabiduría del Señor,
pues con tu luz, que el mundo ansía,
nos llegará nueva alegría.
Llegando estás, Dios y Seor,
del Sinaí legislador,
que la ley santa promulgaste
y tu poder allí mostraste.
Ven, Vara santa de Jesé,
contigo el pueblo a lo que fue
volver espera, pues aún gime
bajo el cruel yugo que lo oprime.
Ven, Llave de David, que al fin
el cielo abriste al hombre ruin
que hoy puede andar, libre su vía,
con la esperanza del gran día.
Aurora tú eres que, al nacer,
nos trae nuevo amanecer,
y, con tu luz, viva esperanza
el corazón del hombre alcanza.
Rey de la gloria, tu poder
al enemigo ha de vencer,
y, al ayudar nuestra flaqueza,
se manifiesta tu grandeza. Amén.
Veni, veni, Emmanuel
Veni, veni Emmanuel captivum solve Israel qui gemit in exilio privatus Dei Filio.
Gaude! Gaude! Emmanuel nascetur pro te, Israel!
Veni, O Sapientia quae hic disponis omnia veni, viam prudentiae ut doceas et gloriae.
Gaude! Gaude! Emmanuel nascetur pro te, Israel!
Veni, veni Adonai qui populo in Sinai legem dedisti vertice in maiestati gloriae.
Gaude! Gaude! Emmanuel nascetur pro te, Israel!
Veni, O Iesse virgula ex hostis tuos ungula, de specu tuos tartari educ et antro barthari.
Gaude! Gaude! Emmanuel nascetur pro te, Israel!
Veni, Clavis Davidica, regna reclude caelica, fac iter tutum superum, et claude vias inferum.
Gaude! Gaude! Emmanuel nascetur pro te, Israel!
Veni, veni O Oriens solare nos adevenines, noctis depelle nebulas, dirasque mortis tenebras.
Gaude! Gaude! Emmanuel nascetur pro te, Israel!
Veni, veni Rex Gentium, veni, Redemptor omnium, ut salvas tuos famulos peccati sibi conscios.
He descubierto esta cuaresma este preciosos poema de Alonso de Ledesma. Es un poeta del S. XVII que no conocía. Como muchos escritores de nuestro Siglo de Oro no era sólo un buen poeta, sino también un buen teólogo. Escribió los Conceptos Espirituales, en donde se tratan algunas cuestiones de la doctrina cristiana.
El poema que transcribo a continuación, Los hombros traigo cargados, muestra este buen conocimiento de la doctrina católica. El par de versos “dadme esas lágrimas vos/ y tomad estos pecados” lo demuestra: nuestra salvación de fundamenta en que Jesucristo toma nuestros pecados, y a nosotros nos toca arrepentirnos y llorar. Es un gran poema de cuaresma, que está como himno en la Liturgia de la Horas. Los hombros traigo cargados Alonso de Ledesma (1562 – 1623)
Los hombros traigo cargados
de graves culpas, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar
por ser acto de flaqueza
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Vos sois quién cargar se puede
estas mis culpas mortales
que la menor destas tales
a cualquier peso excede.
Y, pues que son tan pesados
aquestos yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Una de las pocas cosas buenas de estos días del coronavirus, es que se habla mucho de la muerte. Es bueno hablar de la muerte, recordar que somos mortales y que es más importante prepararnos para bien morir que prepararnos para vivir muchos años, aunque sea alejados de Dios.
Como hay una cierta conexión mental entre morir y dormir, ha sido una buena costumbre de muchos años aprovechar la oración de antes de irse a dormir para pedir una buena muerte. A mí me gusta rezar el Nunc dimittis, seguido de la jaculatoria de conclusión de las completas: “Que el Señor nos conceda una noche tranquila y una muerte santa”. También es popular rezar las tres avemarías.
Esta es una oración iniciada por Santa Matilde. Pidió a la Virgen asistencia a la hora de la muerte y la Virgen se lo concedió con tal que rezara diariamente tres Ave Marías con la intención que se indica.
Este rezo también sirve de novena, añadiendo alguna oración introductoria, como por ejemplo el Acordaos, y la petición de la novena.
Las tres Ave Marías Santa Matilde
Oh Virgen poderosísima: así como Dios Padre, en su munificiencia omnipotente, levantó tu alma sobre un trono de gloria sin igual, hasta el punto de que, después de Él, eres la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también te suplico me asistas en la hora de la muerte, para fortificarme y rechazar de mí toda potestad enemiga.
Ave María
Oh Virgen sapientísima: así como el Hijo de Dios, conforme a los tesoros de su sabiduría, te adornó y llenó maravillosamente de ciencia y entendimiento, de tal modo que gozas del conocimiento de la Santísima Trinidad más que todos los santos juntos, y como sol brillante, con la claridad de que te ha embellecido, adornas todo el cielo, así también te ruego me asistas a la hora de la muerte, para llenar mi alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas de la ignorancia y del error.
Ave María
Oh Virgen amantísima: así como el Espíritu Santo te llenó por completo de las dulzuras de su amor y te hizo tan amable y tan amante que, después de Dios, eres la más dulce y la más misericordiosa, así también te ruego me asistas en la hora de la muerte, llenando mi alma de tal suavidad de
amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para mí en delicias
Estamos en cuaresma, un buen momento para rezar el Via Crucis, sobre todo los viernes. A menudo se introducen cantos para pasar de una estación a otra, por ejemplo el Stabat Mater. Pero también existen versiones cantadas de las estaciones.
Una versión cantada muy bonita es una catalana, Per vostra Passió Sagrada, con texto de Lluís Mª de Valls con música de Lluís Millet. Es muy popular en Cataluña y también en Mallorca. La letra se ha traducido al castellano. Abajo tenéis las versiones en ambos idiomas. También he añadido un video con el canto en catalán, para que la podáis escuchar y aprender.
Este canto permite cantar todo el vía crucis o, si se quiere, añadir un Padre Nuestro y un Ave María tras la estrofa de cada estación.
Espero que esto os ayude a rezar el Vía crucis en este tiempo cuaresmal. Recordad que rezar el Vía crucis trae aparejada indulgencia plenaria.
Por vuestra Pasión Sagrada Texto: Lluís Mª de Valls; música: Lluís Millet
Por vuestra Pasión Sagrada
¡Oh adorable Redentor!
Salvad el alma penada
de este pobre pecador.
(I) Jesús víctima escogida
es condenado a morir;
para darme eterna vida
quiere tal suerte sufrir.
Por vuestra…
(II) Con el leño tan pesado
va Jesús con tierno amor
en sus hombros colocado
es por mí, vil pecador.
(III) Mi Jesús por vez primera
rendido en tierra cayó;
haré su cruz más ligera
si a sus pies me postro yo.
(IV) En la calle de amargura
a su Madre Jesús ve,
de semejante tortura
mi maldad la causa fue.
(V) Obligado el Cireneo
presta ayuda al Redentor.
Yo llevar mi cruz deseo,
resignado y por amor.
(VI) Verónica compasiva,
limpia la divina Faz,
del polvo, sangre y saliva
de mi soberbia procaz.
(VII) Jesús, de fatiga tanta,
cae por segunda vez;
cayó cuando su ley santa
quebranté con altivez.
(VIII) Jesús a llorar convida
a las hijas de Judá.
Si lloro mi mala vida
Jesús me consolará.
(IX) Jesús ríndese extenuado
ante inmensa multitud;
¡Ay! qué cara le ha costado
mi obstinada ingratitud.
(X) Arrancan las vestiduras
a Jesús con gran crueldad.
Así expía mis locuras,
mi impureza y vanidad.
(XI) Con terribles martillazos
en la cruz clavado fue.
Yo descoyunté sus brazos,
sus manos y pies clavé.
(XII) Después de larga agonía
el buen Jesús expiró;
y al verle ¿no lloraría
sus culpas quien lo ofendió?
(XIII) El cadáver santo adora
María con gran piedad.
El perdón ¡oh Madre!, implora
este monstruo de maldad.
(XIV) En el sepulcro reposa
el cuerpo del Salvador.
Encerrado con su losa
quisiera morir de amor.
Per vostra Passió sagrada,
adorable Redemptor,
perdoneu altra vegada
a aquest pobre pecador.
(I) Jesús, víctima escollida,
és condemnat a la mort;
per donar-me eterna vida
Ell sofreix tan trista sort.
(II) Jesucrist la Creu pesada
porta al coll per amor meu;
jo mateix li he carregada
en pecar contra mon Déu!
(III) Jesús per volta primera
cau de cansament rendit;
sa Creu tornaré lleugera
si a sos peus caic penedit.
(IV) Al carrer de l'Amargura
Mare i Fill s'han contemplat;
mira bé, vil criatura,
quin martiri els has causat!
(V) A Jesús li dóna ajuda
de mal grat el Cireneu;
per mes culpes merescuda,
no voldré portar ma creu?
(VI) Verònica, compassiva,
eixuga aquell front sagrat
de la sang, pols i saliva
amb què jo l'he profanat.
(VII) Com la Creu és tan pesada,
defallit cau novament;
cau Jesús cada vegada
que jo trenco un manament.
(VIII) Jesús a plorar convida
a les filles de Judà;
si ploro ma mala vida,
Jesús m'aconsolarà.
(IX) Jesús, tercera vegada
sense forces ha caigut.
Ai!, que cara l'ha pagada
ma obstinada ingratitud.
(X) Arrenquen les vestidures
a l'Anyell immaculat;
oh faltes meves impures:
vosaltres l'heu despullat.
(XI) Amb furientes martellades
és Jesús clavat en Creu;
jo sóc qui les hi ha donades
amb mes ofenses a Déu!
(XII) Després de llarga agonia,
el Bon Jesús ha expirat;
davant seu, ¿no ploraria
el gran crim d'haver pecat?
(XIII) Rep Maria amb amargura
el Cos del son Fill diví;
amb ma vida tan impura
jo he sigut el seu botxí.
(XIV) Dins el sepulcre reposa
el Cos del meu Redemptor;
agraït, damunt la llosa
voldria morir d'amor.
Esta oración poema es un himno que se reza durante la cuaresma, en las vísperas. Siempre me ha movido, me ha resonado en el alma por su sinceridad. Tenía claro que la persona que había escrito esto sabía de honores, laureles y nobleza. Pero hasta hoy no había investigado su origen.
Descubrí que había sido escrito por Cristina de Arteaga, sor Cristina de la Cruz. ¿Escrito por una monja? No puede ser, no encajaba. Hasta que leí algo de su vida. Fue hija del Marqués de Santillana y de la Condesa de Santiago. Luego sí que sabía de nobleza y blasones. También sabía de laureles: le dieron la Gran Cruz de Alfonso XII por su brillante expediente y fue la primera mujer en España que se doctoró en Historia.
Tenía una vida de gloria y honores civiles y académicos por delante, pero se metió monja en 1934, durante la Segunda República, cuando quemaban iglesias y conventos. Este poema claramente le salió muy de dentro. Y se nota.
Coronas Sor Cristina de la Cruz Arteaga
¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des coronas, Señor, de grandeza!
¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!
No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!
Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que Tú predestinas.
Sólo Tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas!
Amén
Existen oraciones simples, como el Padre Nuestro o el Ave María, y oraciones compuestas, como el Rosario, el Ángelus, las coronillas y las novenas. Las oraciones compuestas acaban casi siempre con una breve oración de conclusión. A veces es una propia, otras, una genérica. hace años vi que el siguiente paso hacia mi salvación tenía que ser mejorar mi obediencia. Hice una promesa de obediencia a Dios y compuse una breve oración de conclusión para pedir ayuda para ser obediente. Es la que uso habitualmente tras mi Rosario y en cualquier otra ocasión conveniente. Os la dejo aquí por si os sirve de algo.
Oración conclusiva
Señor, ilumina nuestras mentes
y derrama tu gracia en nuestras almas
para que sepamos cuál es tu voluntad
y, siguiendo el ejemplo de la Virgen María,
la cumplamos obedientemente.
Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor.
Hoy es Sto. Tomás de Aquino. Es uno de los más grandes filósofos y teólogos que ha habido jamás. Es el santo patrón de filósofos y estudiantes. Cuando lees un texto suyo quizá cueste entenderlo, pues no estamos acostumbrados al estilo ni estamos familiarizados con la filosofía aristotélica, pero se ve claramente la profundidad de su pensamiento, la agudeza de su visión y el rigor de su razonamiento. Por ejemplo, cuando habla del infinito, ya prevé los problemas con que se van a enfrentar los matemáticos 500 años después.
La oración que os adjunto hoy es una oración pidiendo su intercesión para pedir al Señor luz para concerle. Esta basada en algunas oraciones suyas. Espero que os guste.
Oración a Sto. Tomas de Aquino
¡Oh Dios Todopoderoso!,
Tú que eres fuente de sabiduría,
y principio supremo de todas las cosas.
te pido humildemente
y por la intercesión
de tu amado hijo Santo Tomás de Aquino:
derrama tu luz en mi inteligencia
y aleja de ella las tinieblas
del pecado y de la ignorancia.
Concédeme agudeza para entender,
memoria para retener,
método y facilidad para aprender,
lucidez para interpretar y
y gracia abundante para expresarme.
Ayuda el comienzo de mi trabajo,
dirige su progreso, corona su fin.
Señor, que inspiraste a Santo Tomás de Aquino
para que, usando su inteligencia,
iluminara las mentes de los creyentes
con el fruto de su reflexión teológica,
te pedimos que, a ejemplo suyo,
crezcamos en el conocimiento
del único Dios verdadero.
Hoy es la fiesta de la conversión de S. Pablo. S. Pablo es uno de mis santos favoritos: converso, apóstol infatigable, no se andaba con chiquitas ni con los que se le enfrentaban, ni con las primeras comunidades, ni siquiera con los apóstoles. Fijaos (en la primera carta a los Corintios, por ejemplo) como riñe fuerte, pero con mucho cariño. Su intelecto era tremendo: el primer fundamento de la doctrina cristiana la ensambló él. Y no le fue fácil: tras su conversión pasó años en el desierto y tuvo que soportar la comprensible desconfianza de las primeras comunidades. Vivió por Cristo y en Cristo sin reservas.
Os adjunto una oración para pedir a S. Pablo que interceda por nosotros y nos ayude a imitarle en su entrega y obediencia, aunque sea un poquito.
Oración a S. Pablo
Glorioso apóstol San Pablo, vaso escogido del Señor para llevar su santo nombre a toda la tierra; por tu celo apostólico y por tu abrasada caridad con que sentías los trabajos de tus prójimos como si fueran tuyos propios; por la inalterable paciencia con que sufriste persecuciones, cárceles, azotes, cadenas, tentaciones, naufragios y hasta la misma muerte; por aquel celo que te estimulaba a trabajar día y noche en beneficio de las almas y, sobre todo, por aquella prontitud con que a la primera voz de Cristo en el camino de Damasco te rendiste enteramente a la gracia, te ruego por todos los apóstoles de hoy y que me consigas del Señor que imite tus ejemplos oyendo prontamente la voz de sus inspiraciones y peleando contra mis pasiones sin apego ninguno a las cosas temporales y con aprecio de las eternas, para gloria de Dios Padre, que con el Hijo y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.
Hoy, primer domingo después de Navidad, celebramos la Sagrada Familia. En la doctrina católica la familia es la base de la sociedad: la sociedad empieza de la familia, nace de la familia, se nutre de ella. La destrucción de la familia da lugar a la degradación de la sociedad, cosa que desgraciadamente estamos viendo.
Jesús quiso nacer en una familia y crecer en ella. Esta Sagrada Familia es el ejemplo para todas las familias cristianas: los padres debemos seguir el modelo de S. José, defendiéndola del mal y tomando las decisiones difíciles –la lectura de hoy nos recuerda que el ángel habló a S. José y fue S. José que tomó a la Virgen y al niño y se los llevó a Egipto–. Las madres deben seguir el modelo de la Virgen, manteniendo la firmeza en el hogar bajo la protección de su esposo y protegiendo primero y acompañando después a sus hijos, olvidándose de ella misma. Y los hijos deben ser obedientes con sus padres, como Jesús lo fue con los suyos: “[Jesús] Bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto.” (Lc, 2, 51).
Debemos rezar por nuestras familias cada día. Yo me encomiendo a S. José por la mañanas, para que me ayude a ser buen padre y buen esposo, como él lo fue. Os dejo una oración a la familia de S. Juan Pablo II, que creo que recoge muy bien lo que las familias necesitamos y debemos ser.
Oración a la familia S. Juan Pablo II
Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu hijo, Jesucristo, “nacido de mujer” y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor para las generaciones porque siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y el Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu Santo.
Esta noche es Nochebuena y en todas las Misas del Gallo de Mallorca se va a cantar el Canto de la Sibil.la. Es un canto medieval que se ha mantenido desde entonces. No parece que se sepa exactamente de cuándo es. Probablemente es del siglo XIII y es en catalán de la época. Es tan importante en nuestra forma de vivir la Navidad que el Concilio de Trento, que prohibió las oraciones y manifestaciones en las liturgias en lengua vernácula hizo una excepción para este canto.
La Sibila es una profetisa, que anuncia la llegada del Salvador. Por la letra no parece un canto de Navidad, pues habla del juicio final y tiene un tono apocalíptico. Yo me sospecho que nuestra Navidad tierna y entrañable, del vuelve a casa por Navidad es reciente y que hasta hace un par de siglos la Navidad estaba centrada en la salvación, incluyendo los novísimos (muerte, juicio, cielo e infierno).
Es un canto muy particular y muy bonito. Es difícil de cantar y castiga bastante la voz. Por eso la soprano tiene que tomar descansos y aparecen los interludios de órgano o coro. Y también es posible que sea el motivo que se canta una versión reducida. Os pongo la versión completa (con la traducción al español) y marco con un paréntesis lo que no se canta ya. El video es del canto en la catedral de Palma en la Nochebuena del 2018. Escuchad primero y ya leeréis el texto después.
Feliz Navidad a todos.
Cant de la Sibil·la
El jorn del Judici
parrà el qui haurà fet servici.
Jesucrist, Rei universal,
homo i ver Déu eternal,
del cel vindrà per a jutjar
i a cada u lo just darà.
(Gran foc del cel devallarà, mars, fonts i rius, tot cremarà. Daran los peixos horribles crits perdent los seus naturals delits Ans del judici l'Anticrist vindrà i a tot lo mon turment darà, i se farà com Deu servir, i que no el crega farà morir. Lo seu regnat serà molt breu, en aquell temps sots poder seu moriràn màrtirs tots a un lloc aquells dos sants, Elies i Enoc. Lo sol perdrà sa claredat mostrant-se fosc i entelat, la lluna no darà claror i tot lo mon serà tristor.)
Als mals dirà molt agrament:
—Anau, maleïts, en el turment;
anau, anau al foc etern
amb vostron príncep de lo infern.
Als bons dirà: -Fills meus, veniu!
benaventurats, posseïu
el Regne que us està aparellat
des que lo món va ésser creat.
Oh humil verge! Vos qui heu parit
Jesús infant en esta nit,
a vòstron Fill vullau pregar
que de l'infern vulla'ns lliurar.
El jorn del Judici
parrà el qui haurà fet servici.
Canto de la Sibila
El día del Juicio
perecerá el que haya hecho servicio.
Jesucristo, Rey universal,
hombre y verdadero Dios eterno,
del cielo vendrá para juzgar
y a cada uno lo justo dará.
(Un gran fuego del cielo bajará mares, fuentes y ríos, todo lo quemará. Daran los peces horribles gritos perdiendo sus naturales regocijos. Antes del Juicio el Anticristo vendrá y a todo el mundo tormento dará y se hará como Dios servir, y el que no crea en él, lo hará morir. Su reinado será muy breve en aquellos tiempos bajo su poder morirán mártires todos a la vez aquellos dos santos, Elías y Enoc. El sol perderá su claridad mostrándose oscuro y entelado. La luna no iluminará y todo el mundo será oscuridad.)
A los malvados dirá muy amargamente:
– Id, malditos, al tormento;
id, id al fuego eterno
con vuestro príncipe del infierno.
A los justos dirá: –¡Hijos míos, venid!
Bienaventurados, poseed
el Reino que os he preparado
desde que el mundo fue creado.
¡Oh, humilde Virgen! Vos que habéis parido
Jesús niño esta noche,
a vuestro Hijo quered rogar
que del infierno nos quiera librar.
El día del Juicio
perecerá el que haya hecho servicio.
Esta es la oración que se usa como himno en laudes el día de la Inmaculada Concepción de la Virgen (8 de diciembre). Por el estilo, parece del siglo de Oro, quizá de Lope de Vega, pero no he podido encontrar la autoría en ningún sitio. En todo caso, es preciosa y teológicamente precisa, y como poesía que es, se apresta a aprenderse de memoria para poder recitarla en cualquier ocasión. Y debe dar mucha alegría a la Virgen cada vez que se reza con devoción.
A la virgen Inmaculada
Ninguno del ser humano
como vos se pudo ver;
que a otros los dejan caer
y después le dan la mano.
Mas vos, Virgen, no caíste
como los otros cayeron,
que siempre la mano os dieron
con que preservada fuiste.
Yo, cien mil veces caído,
os suplico que me deis
la vuestra, y me levantéis
porque no quede perdido.
Y por vuestra concepción,
que fue de tan gran pureza,
conserva en mí la limpieza
del alma y del corazón,
Para que de esta manera
suba con vos a gozar
del que solo puede dar
vida y gloria verdadera.
Amén.
Hace unos días un compañero me pidió una oración para pedir sabiduría al Señor. Le recomendé varias oraciones al Espíritu Santo, pues la inteligencia y la sabiduría son dos de los siete dones del Espíritu Santo. También le recomendé esta, del libro de la Sabiduría (9, 1–6, 9–11) , que se reza en los laudes del sábado de la tercera semana. Me gusta especialmente pues indica cuál es la misión delo hombre en la tierra y cómo necesitamos la sabiduría que procede de Dios para poderla llevar a cabo. Siempre necesitamos sabiduría, pero quizá más en estos tiempos locos en los que vivimos.
Espero que os guste
Dame, Señor, la sabiduría (Sb 9, 1–6, 9–11)
Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.
Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en tu esplendor.
El camino de perfección de S. Juan de la Cruz contemplaba tres pasos: la vía purgativa, en donde nos liberamos de nuestros vicios y de todo aquello que nos lastra a tierra; la vía iluminativa, en la que vamos adquiriendo la sabiduría que nos lleva a Dios, y la vía unitiva, en la que nos unimos a Dios. Estas mismas tres fases están en la misa: empezamos con la vía purgativa, reconociendo nuestros pecados y pidiendo perdón por ellos, seguimos con la vía iluminativa, escuchando la palabra de Dios y el sermón del sacerdote, y acabamos con la vía unitiva de la comunión.
La oración principal de la vía purgativa es el Yo, pecador, o Confiteor. Esta oración, a diferencia del Credo o del Gloria, sufrió un cambio en la renovación de la misa de 1970. Antes se rezaba 3 veces: una vez el sacerdote sólo, a continuación lo rezaba todo el pueblo, y se volvía a rezar al final, justo antes de comulgar. Entiendo la lógica de esta reducción en repeticiones –aunque rezarlo justo antes de comulgar me parece muy bonito–. Lo que no entiendo es que se redujera el texto. No creo que sea por acortar 10 segundos la misa. En la versión tradicional se confesaba nuestra condición de pecador ante Dios, la Virgen, S. Miguel, S. Juan Bautista, los apóstoles (con S. Pedro y S. Pablo a la cabeza), a todos los santos y los fieles hermanos, y después se pedía la intercesión uno a uno de todos ellos. Ahora se confiesa sólo ante Dios y los hermanos y se pide la intercesión de la Virgen. Yo creo que confesar ante los santos es una prueba de humildad y pedir su intercesión es entrar más en la Comunión de los Santos. Lamento la pérdida. Cuando lo rezo para mí, lo hago en la versión tradicional (y en latín, que me gusta más).
Os presento aquí esta oración, tanto en la versión actual como en la tradicional, en español y en latín.
Yo, pecador (versión actual)
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros hermanos
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso, ruego a Sta. María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos, y a vosotros hermanos
que intercedáis por mí
ante Dios nuestro Señor. Amén.
Confiteor (versión actual)
Confiteor Deo omnipotenti,
et vobis, fratres,
quia peccavi nimis
cogiatione, verbo et opere.
Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.
Ideo precor beatam Maria semper Virginem,
omnes angelos et sanctos et vos, fratres,
orare pro me ad Dominum, Deum nostrum. Amen.
Yo, pecador (versión tradicional)
Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso,
a la bienaventurada siempre Virgen María,
al bienaventurado S. Miguel Arcángel,
al bienaventurado S. Juan Bautista,
a los santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo,
a todos los santos y a vos, Padre,
que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por tanto ruego a la bienaventurada siempre Virgen María,
al bienaventurado S. Juan Bautista,
a los santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo,
a todos los santos y a vosotros hermanos,
que roguéis por mí a Dios nuestro Señor.
Confiteor (versión tradicional)
Confiteor Deo omnipotenti,
beatæ Maria, semper Virgine,
beato Michaeli Archangelo, beato Ioanni Baptistæ,
sanctis apóstolis Petro et Paulo,
ómnibus Sanctis, et vobis fratres
quia peccavi nimis
cogiatione, verbo et opere.
Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.
Ideo precor beatam Maria semper Virginem,
beatum Michaelem Archangelum, beatum Ioannem Baptistam,
sanctos Apóstolos Petrum et Paulum,
omnes Sanctos, et vos fratres,
orare pro me ad Dominum, Deum nostrum. Amen.
La confesión nunca ha sido el más popular de los sacramentos. La Iglesia obliga, por su segundo mandamiento de la Santa Madre Iglesia a “confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar”, pero creo que pocos lo hacen. Yo estuve una vez casi 20 años sin confesarme. Parece que no pasa nada, pero al final de ese tiempo mi alma estaba en muy mal estado. Lo sé, porque una confesión lo cambió todo. Ahora me confieso cada 3–4 semanas. Los beneficios de la confesión son grandes. El que esté interesado en leer más de esto, puede leer lo que he escrito en mi otro blog.
La confesión no es un acto, es todo un proceso con 5 pasos: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. No todo debe hacerse de una sentada: el examen de conciencia y dolor de los pecados conviene hacerlo más a menudo. Se suele recomendar hacerlo cada noche. De todas formas, antes de ir al confesionario conviene repasar los pecados cometidos.
Aquí os dejo dos oraciones para antes de la confesión: uno para antes de iniciar el proceso y otro para prepararse para el examen de conciencia.
Confesaos a menudo. De verdad que lo notaréis.
Oración para prepararse a la confesión
Omnipotente y sempiterno Dios, perdónanos a los que nos arrepentimos, sé bondadoso con los que te suplicamos y dígnate enviarnos tu gracia que sea remedio saludable a los que humildemente invocamos tu santo Nombre, nos acusamos de nuestros delitos según están en nuestra conciencia, lloramos nuestros pecados postrados ante tu divina clemencia y pedimos repetida y humildemente tu serenísima piedad; y concédenos, por la invocación de tu santísimo Nombre, que todos los que nos acercamos al sacramento de la penitencia para remisión de nuestros pecados obtengamos salud de alma y protección del cuerpo, por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Señor, que no quieres la muerte del pecador, sino la penitencia de sus pecados para que viva: mira benigno la fragilidad de nuestra condición humana y haz que por esta confesión, a la que nos acercamos para obtener el perdón, obtengamos la absolución de nuestras culpas y el premio de la penitencia, por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Oración para antes del examen de conciencia
Oh Señor Dos mío, que investigas los corazones y conoces las conciencias de los hombres: dame la gracia de examinar sinceramente y conocer verdaderamente la mía de manera que descubra todas mis malicias y pecados, para que, confesándolos bien todos y enmendándome de ellos, merezca tu perdón y gracia en la tierra y la entrada de la gloria en el cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Cuando he sentido un enorme júbilo me he encontrado a menudo cantando el Gloria. Es la oración más alegre de la misa. Quizá es porque lo asocio al repique de campanas cuando se reza en la Vigilia Pascual, no lo sé. Es una oración de jubilosa alabanza a Dios.
Es muy antigua, de los inicios mismos de la Iglesia. Por ejemplo se conoce una versión del S. III y seguramente no es la primera. Quizá es por su edad y por las múltiples versiones por lo que tiene una estructura un poco rara. Además, el ritmo con el que lo rezamos en misa no coincide con la estructura gramatical, con lo que parece que ni siquiera tiene frases claras. Buscando en mis libros y por Internet he encontrado variaciones de puntuación que ahonda en esta sensación de contener frases desestructuradas. He mirado con cuidado la versión en latín (que adjunto) y he puntuado de la manera que creo da más sentido a la oración. Sólo son cuatro frases, dirigidas a cuatro personas diferentes.
La primera son las palabras de los ángeles a los pastores cuando anunciaron el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Sigue con una de alabanza al Padre. A continuación hay otra de petición de misericordia dirigida al Hijo y finalmente volvemos a una alabanza, esta vez a la Trinidad.
Esta oración se presta a ser cantada y hay muchísimas versiones de tradicionales a modernas. He enlazado el Gloria gregoriano de la preciosa Missa de Angelis, que en tiempos de mis padres se cantaba muy a menudo y todos lo sabían cantar y ahora, desgraciadamente, no se oye nunca. Espero que os guste.
Gloria
Gloria a Dios en el cielo
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque solo Tú eres Santo, solo Tú, Señor,
solo Tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Gloria in excelsis Deo
Gloria in excelsis Deo
et in terra pax homínibus bonæ voluntatis.
Laudamus te, benedícimus te,
adoramus te, glorificamus te,
gratias ágimus tibi
propter magnam gloriam tuam,
Dómine Deus, Rex cælestis, Deus Pater omnípotens.
Dómine Fili unigénite Iesu Christe,
dómine Deus, Agnus Dei, Filius Patris,
qui tollis pecata mundi, miserere nobis;
qui tollis pecata mundi, súscipe deprecationem nostram;
qui sedes ad déxteram patris, miserere nobis.
Quoniam Tu solus Sanctus, Tu solus Dóminus,
Tu solus Altíssimus, Iesu Christe,
cum Sancto Spíritu in gloria Dei Patris.
Amén.