lunes, 13 de mayo de 2019

Oración a la Virgen de Fátima

Esta es la oración a la Virgen de Fátima que rezó el Papa Francisco con los fieles  en la víspera del centenario de la primera aparición, el 12 de mayo de 2017. Fue el rezo tras el rosario. Es una larga y bonita canción-oración, con estribillo, que es muy adecuada hoy, día de la Virgen de Fátima.


A la Virgen de Fátima
Papa Francisco

¡Salve, Reina, bienaventurada Virgen de Fátima, Señora del Corazón Inmaculado, refugio y camino que conduce a Dios!
Peregrino de la Luz que procede de tus manos, doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre; peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar, alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos; peregrino de la esperanza que el Espíritu anima, vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve Madre de Misericordia, Señora de la blanca túnica!
En este lugar, desde el que hace cien años manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios, miro tu túnica de luz y, como obispo vestido de blanco, tengo presentes a todos aquellos que, vestidos con la blancura bautismal, quieren vivir en Dios y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve vida y dulzura, salve esperanza nuestra, oh Virgen peregrina, oh Reina universal!
Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, mira los gozos del ser humano cuando peregrina hacia la Patria Celeste. Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, mira los dolores de la familia humana que gime y llora en este valle de lágrimas.
Desde lo más íntimo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.
Con tu sonrisa virginal, acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo. Con tu mirada de dulzura fortalece la esperanza de los hijos de Dios. Con tus manos orantes que elevas al Señor, une a todos en la única familia humana.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Oh piadosa, oh clemente, oh dulce Virgen María, Reina de Rosario de Fátima!
Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta, y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.
Recorremos, así, todas la rutas, seremos peregrinos de todos los caminos, derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras, yendo a todas las periferias, para revelar allí la justicia y la paz de Dios.
Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco, de un candor blanqueado en la Sangre del Cordero, derramada también hoy en todas la guerras que destruyen el mundo en que vivimos.
Y así seremos como tú, imagen de la columna refulgente que ilumina los caminos del mundo, manifestando a todos que Dios existe, que Dios está, que Dios habita en medio de su pueblo ayer, hoy, y por toda la eternidad.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve, Madre del Señor, Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres, eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual, eres el orgullo de nuestro pueblo, eres el triunfo frente a los ataques del mal.
Profecía del amor misericordioso del Padre, maestra del anuncio de la Buena Noticia del Hijo, signo del fuego ardiente del Espíritu santo, enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores, las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.
Muéstranos la fuerza de tu manto protector. En tu Corazón Inmaculado, sé el refugio de los pecadores y el camino que conduce a Dios.
Unido a mis hermanos en la fe, la esperanza y el amor, me entrego a ti. Unido a mis hermanos, por ti me consagro a Dios, oh Virgen del Rosario de Fátima.
Y cuando al final me vea envuelto por la Luz que nos viene de tus manos, daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.
Amén.