miércoles, 31 de mayo de 2017

Letanía de la humildad

Los que siguen este blog saben que la falta de humildad es uno de mis pecados habituales. Por eso me llamó mucho la atención esta letanía de la humildad que encontré en el prólogo del libro del cardenal Robert Sarah La fuerza del silencio. Frente a la dictadura del ruido.

Es una oración que rezaba el cardenal hispano-inglés Rafael Merry del Val.  Tras retirarse, la recitaba al final de la misa de cada día. Contrario a lo que dice el libro, no la compuso él: existía una versión anterior en un devocionario inglés, el Handbook of Prayer del Midwest Theological Forum, de autor desconocido. Probablemente el cardenal la adaptó y siendo un personaje muy conocido –fue secretario de Estado de S. Pío X– la popularizó.

Es una oración que me impactó desde la primera vez que la leí. Además de rezarla entera muy a menudo, me va bien recitar trozos durante mi actividad: si me pasan por alto en algo me digo «De que se me deje en el último lugar, Señor, me alegraré» o si me entra el temor a quedar mal me digo «Del temor de perder la fama, líbrame Señor» o si me encuentro “dándome autobombo” me repito «Del deseo de ser aprobado, líbrame Señor». Es un buen rezo para darte cuenta de todo lo que haces para ensalzarte, mirando al mundo y no a Dios.

Letanía de la humildad
Autor anónimo, versión del cardenal Rafael Merry del Val

¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, escúchame:

Del deseo de ser reconocido – líbrame Señor;
Del deseo de ser estimado,
Del deseo de ser amado,
Del deseo de ser ensalzado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser preferido,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aprobado,
Del deseo de quedar bien,
Del deseo de recibir honores,

Del temor de ser criticado – líbrame Señor;
Del temor de ser juzgado ,
Del temor de ser atacado,
Del temor de ser humillado,
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser señalado,
Del temor de perder la fama,
Del temor de ser reprendido,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser ridiculizado,
Del temor de la injusticia,
Del temor de ser sospechado – líbrame Señor;

Jesús, concédeme la gracia de desear:

Que los demás sean más amados que yo;
Que los demás sean más estimados que yo;
Que en la opinión del mundo otros sean engrandecidos y yo humillado;
Que los demás sean preferidos y yo abandonado;
Que los demás sean alabados y yo menospreciado;
Que los demás sean elegidos en vez de mí en todo;
Que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente;

De ser desconocido y pobre – Señor, me alegraré;
De estar desprovisto de perfecciones naturales de cuerpo y de espíritu,
De que no se piense en mí,
De que se me ocupe en los empleos más bajos,
De que ni se dignen usarme,
De que no se me pida mi opinión,
De que se me deje en el último lugar,
De que no me hagan cumplidos,
De que me reprueben a tiempo y a destiempo – Señor, me alegraré;

Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia,
porque suyo es el Reino de los Cielos.

Oremos. ¡Oh, Jesús! que, siendo Dios te humillaste, y en una muerte de cruz,
para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio.
Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que
humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser
ensalzados hasta gozar eternamente de Ti en el Cielo.

sábado, 27 de mayo de 2017

Bendita sea tu pureza

Esta es una breve oración a la Virgen que aprendí de niño, que todos sabíamos, pero que por lo que sea dejé de usar.  Hace años o décadas que no la oía. El jueves fui a rezar el rosario con las monjas en la capilla de la adoración perpetua y la rezaron. Y me acordé de casi toda la oración. Es muy sencilla pero muy bonita. Es de autor desconocido y parece que es del S. XVII.

Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea
Que todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza

A Ti celestial princesa
Virgen Sagrada María
Te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.

Mírame con compasión
No me dejes Madre mía

martes, 23 de mayo de 2017

El Santo Rosario

Siendo mayo, mes de María, es obligada una entrada sobre la oración mariana por excelencia: el rosario. Es una oración muy antigua, del S. IX o anterior y es seguramente la oración compuesta más rezada: millones lo rezamos todos los días.

Cuando Sta. Bernardette tuvo la primera aparición de la Virgen, sacó su rosario y se puso a rezarlo y la Virgen la acompañó en el rezo. En muchas apariciones la Virgen ha pedido que se rece el rosario. Dice que es su oración favorita. El Padre Pío (y otros) han llamado al rosario su arma contra el mal (o contra el demonio). Todos los que rezamos el rosario con asiduidad notamos un cambio en nuestro interior.

De niño mis padres nos hicieron rezar el rosario en familia algunas veces. Lo odiaba (y mis hermanas también). Supongo que por eso dejaron de hacerlo. Yo volví a retomar el rezo del rosario en una visita a Lourdes hace unos dos años. Lo rezo todos los días y se han vuelto las tornas: me gusta rezarlo con mi madre siempre que puedo.

Cómo se reza

El rosario puede empezar con una “entrada”. He visto diferentes versiones.  Yo empiezo con un acto de contrición o un credo, un padre nuestro, tres avemarías y un gloria. También se puede omitir y empezar con el primer misterio, pero me parece una forma un poco brusca de empezar, sin algo de preparación.

Tras la entrada se rezan cinco misterios y para cada uno se enuncia el misterio, se reza un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria y tras el Gloria se añade la jaculatoria “María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Depende del día, se rezan los misterios de gozo, de dolor, de gloria o de luz.

Si se reza el rosario en comunidad, tras los misterios viene la letanía, una lista de 65 invocaciones, la mayoría a la Virgen, con sus contestaciones: «Santa María»«Ruega por nosotros»; «Santa Madre de Dios»«Ruega por nosotros», etc.

Si se reza el rosario sólo, rezar la letanía tiene menos sentido (te estarías contestando a ti mismo), y entonces acabas de forma más sencilla, con una Salve o el Sub tuum praesidium, seguido de una breve jaculatoria: «Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo».

En ambos casos se acabo con una oración conclusiva. La más habitual es:
«Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo Nuestro Señor.»
Otra, más antigua es:
«Te rogamos Señor que infundas en nuestros corazones tu gracia, para que, así como por el anuncio del Ángel conocimos la encarnación de Jesucristo tu Hijo, así por su pasión y cruz seamos conducidos a la gloria de la resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.»
Y a veces se acaba con 3 Ave Marías, una por las intenciones del Papa, otra para los Obispos y la tercera para los muertos.

Los misterios

Hay 20 misterios, agrupados en 4 grupos de 5:
  • Los misterios gozosos, que se rezan los lunes y sábados
  • Los misterios dolorosos, que se rezan en martes y viernes
  • Los misterios gloriosos que se rezan en miércoles y domingo
  • Los misterios luminosos que se rezan en jueves.
Estos últimos misterios los incorporó S. Juan Pablo II en el año 2002, en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (Rosario de la Virgen María). 

Los cinco misterios gozosos son: 1.- La encarnación; 2.- La visita de la Virgen a Sta. Isabel; 3.- El nacimiento de Jesús; 4.- La presentación de Jesús en el templo; 5.- El Niño Jesús es perdido y hallado en el templo.

Los cinco misterios dolorosos son: 1.- La oración en el huerto de los Olivos; 2.- Jesús es apresado y azotado; 3.- La coronación de espinas; 4.- Jesús es cargado con la cruz; 5.- Jesús es clavado en la cruz.

Los cinco misterios gloriosos son: 1.- La Resurrección del Señor; 2.- La Ascensión del Señor; 3.- La venida del Espíritu Santo en Pentecostés; 4.- La Asunción de Nuestra Señora; 5.- La Virgen es coronada como Reina de los Cielos.

Los cinco misterios luminosos son: 1.- El bautismo del Señor; 2.- La autorevelación del Señor en las bodas de Caná; 3.- La predicación del Evangelio invitando a la conversión; 4.- La transfiguración; 5.- La institución de la Eucaristía en la Última Cena.

Cada rosario tiene así un enfoque propio. No es lo mismo rezarlo el lunes que el viernes que el domingo.


Distracciones

Uno de los problemas del rosario son las distracciones. Los labios van por un lado y la mente va por otro. Si alguien sabe como se vence a las distracciones, que me lo cuente, por favor. Yo me imagino a Abram espantando a los buitres que se cernían sobre su ofrendas (Génesis 15:10-11) y me veo como él, espantando a las distracciones que se ciernen sobre mi ofrenda. Se lucha, aunque no siempre se vence. Algunos consejos (que no siempre funcionan)
  • Fíjate en las palabras, no recites de corrido. Entona.
  • Ofrece cada misterio o cada Ave María por una intención. Así al menos te centras periódicamente
  • Piensa en alguna imagen del misterio antes de empezar cada misterio o Ave María
  • Si tienes una imagen de la Virgen, centra en ella tu mirada en ella y reza como si le hablaras
Y si tus pensamientos fluyen hacia temas religiosos o morales, déjalos ir. Pienso que el rosario los guía hacia Dios. Lo malo es que empiezas pensando en cómo liberarte de una tentación y acabas pensando en qué vas a comer para cenar.

Si no tenéis un rosario, compráoslo. Son baratos. Y rezadlo cada día. Las mejorías en vuestra vida las notaréis pronto.




miércoles, 17 de mayo de 2017

Compromiso de oración

(Esta es una versión reducida de mi entrada Compromiso de oración en el blog Acogiéndome a Sagrado)

Como católico, veo la sociedad y me asusto: moral casi inexistente, hipersexualidad, destrucción del concepto de familia, desplome de la natalidad, consideración del aborto como un derecho, imposición por ley de ideologías contrarias a la moral cristiana (siendo el LBGT el caso más claro), profanación de templos y símbolos cristianos, iglesias vacías, pobreza litúrgica. Incluso como ciudadano veo la corrupción, los ataques a la libertad de expresión (como al famoso autobús de Hazte Oír), el dinero y la economía como máximo criterio (y no me refiero sólo a los gobiernos: «ya tendré hijos cuando tenga la vida asentada»). O al presidente electo francés E. Macron diciendo que la cultura francesa no existe.

 El origen de todos estos problemas es que hemos alejado a Dios de nuestra sociedad. Para resolverlos necesitamos oración, mucha oración. Sólo la oración puede salvar esta sociedad.
Oración continuada, permanente. No una «cruzada de oración» que dure unos días. No un rosario una vez a la semana o al mes. No una novena. Oración diaria de aquí hasta el día de nuestra muerte.

Tengo un convencimiento profundo, un convencimiento que no procede de mí, de que si todos los católicos practicantes nos comprometiésemos a rezar una hora al día todos los días, los problemas descritos disminuirían visiblemente en unos meses. Y si seguimos constantes en la oración, se reducirían a la nada y no volverían. No digo nada nuevo. Sta. Teresa ya decía «Almas orad, orad, orad, porque todo lo puede la oración.»

Y eso busco: gente que se comprometa a rezar una hora al día, todos los días, para siempre, para salvar a esta sociedad (y a sí mismos). Comprométete ante Dios a rezar una hora al día todos los días.
Escríbelo. En un papel o en los comentarios de esta entrada.  Ahí va mi compromiso público:

«Yo, José Miró Julià, me comprometo ante Dios y ante mis hermanos a rezar al menos una hora al día hasta el fin de mis días, para la salvación de la sociedad y de las almas del mundo.»

Repite el compromiso cada semana.  Hazlo público si lo crees conveniente. Díselo a otros.

La oración nos salvará. Individualmente y colectivamente.

Estoy aquí para ayudar, y estoy seguro que no soy el único dispuesto a hacerlo. Escribid vuestro compromiso, mandad vuestros testimonios, proponed vuestras oraciones, exponed vuestras dudas, describid vuestros problemas. Usad los comentarios del blog o Twitter (@joe_miro). Cuantos más seamos, mejor. Estas cosas no suman: se multiplican.


martes, 2 de mayo de 2017

Magnificat

Empezamos mayo, uno de los momentos fuertes de devoción a la Virgen (el otro es Adviento). La primera entrada del mes debe ser una oración a la Virgen, ¿pero cuál? El final me he decidido por el Magnificat. El canto está recogido en el evangelio de S. Lucas, capítulo 1: 46-55.  Es la respuesta de María a su prima Sta. Isabel cuando la bendice.  Es, pues, la primera oración mariana que tenemos.

Es la única oración y el único "discurso" que conocemos de la Virgen. En el resto de los Evangelios apenas mencionan alguna frase y nunca toma protagonismo. Incluso en la Anunciación dice «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Su palabra», cediendo el protagonismo a Dios.

El nombre de la oración proviene de la primera palabra en latín: «Magnificat ánima mea Dóminum»: «Proclama mi alma la grandeza del Señor». Es un canto de alegría: María exulta por todo lo que el Señor hace por ella.

El Magnificat se reza todas las tardes en las vísperas de la Liturgia de las Horas. Y como pasa tantas veces, me parece mucho más bonito en latín.

Magnificat

Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
Porque ha mirado la humillación de su esclava

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles
De generación en generación

El hace proezas con su brazo
Dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos
Y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
Y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
Acordándose de su misericordia,
Como lo había prometido a nuestros padres,
En favor Abraham y su descendencia por siempre

Magnificat

Magnificat ánima mea Dóminum
Et exultavit spíritus meus in Deo, salutare meo,
quia respexit humilitatem ancillae suae.

Ecce enim et hoc beatam me dicent omnes generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
Et sanctum nomen eius, et misericordia eius 
ad progénie in progénies timéntibus eum.

Fecit potentiam in brachio suo
Dispersit superbos mentis cordis sui,
Depósuit potentes de sede
Et exaltavit húmiles
Esurientes implevit bonis
Et dívites dimisit inanes

Suscepit Israel puerum suum
Recordatus misericordiae suae
Sicut locutus est ad patres nostros
Abraham et sémini eius in saécula.