sábado, 27 de mayo de 2017

Bendita sea tu pureza

Esta es una breve oración a la Virgen que aprendí de niño, que todos sabíamos, pero que por lo que sea dejé de usar.  Hace años o décadas que no la oía. El jueves fui a rezar el rosario con las monjas en la capilla de la adoración perpetua y la rezaron. Y me acordé de casi toda la oración. Es muy sencilla pero muy bonita. Es de autor desconocido y parece que es del S. XVII.

Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea
Que todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza

A Ti celestial princesa
Virgen Sagrada María
Te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.

Mírame con compasión
No me dejes Madre mía

martes, 23 de mayo de 2017

El Santo Rosario

Siendo mayo, mes de María, es obligada una entrada sobre la oración mariana por excelencia: el rosario. Es una oración muy antigua, del S. IX o anterior y es seguramente la oración compuesta más rezada: millones lo rezamos todos los días.

Cuando Sta. Bernardette tuvo la primera aparición de la Virgen, sacó su rosario y se puso a rezarlo y la Virgen la acompañó en el rezo. En muchas apariciones la Virgen ha pedido que se rece el rosario. Dice que es su oración favorita. El Padre Pío (y otros) han llamado al rosario su arma contra el mal (o contra el demonio). Todos los que rezamos el rosario con asiduidad notamos un cambio en nuestro interior.

De niño mis padres nos hicieron rezar el rosario en familia algunas veces. Lo odiaba (y mis hermanas también). Supongo que por eso dejaron de hacerlo. Yo volví a retomar el rezo del rosario en una visita a Lourdes hace unos dos años. Lo rezo todos los días y se han vuelto las tornas: me gusta rezarlo con mi madre siempre que puedo.

Cómo se reza

El rosario puede empezar con una “entrada”. He visto diferentes versiones.  Yo empiezo con un acto de contrición o un credo, un padre nuestro, tres avemarías y un gloria. También se puede omitir y empezar con el primer misterio, pero me parece una forma un poco brusca de empezar, sin algo de preparación.

Tras la entrada se rezan cinco misterios y para cada uno se enuncia el misterio, se reza un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria y tras el Gloria se añade la jaculatoria “María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Depende del día, se rezan los misterios de gozo, de dolor, de gloria o de luz.

Si se reza el rosario en comunidad, tras los misterios viene la letanía, una lista de 65 invocaciones, la mayoría a la Virgen, con sus contestaciones: «Santa María»«Ruega por nosotros»; «Santa Madre de Dios»«Ruega por nosotros», etc.

Si se reza el rosario sólo, rezar la letanía tiene menos sentido (te estarías contestando a ti mismo), y entonces acabas de forma más sencilla, con una Salve o el Sub tuum praesidium, seguido de una breve jaculatoria: «Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo».

En ambos casos se acabo con una oración conclusiva. La más habitual es:
«Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo Nuestro Señor.»
Otra, más antigua es:
«Te rogamos Señor que infundas en nuestros corazones tu gracia, para que, así como por el anuncio del Ángel conocimos la encarnación de Jesucristo tu Hijo, así por su pasión y cruz seamos conducidos a la gloria de la resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.»
Y a veces se acaba con 3 Ave Marías, una por las intenciones del Papa, otra para los Obispos y la tercera para los muertos.

Los misterios

Hay 20 misterios, agrupados en 4 grupos de 5:
  • Los misterios gozosos, que se rezan los lunes y sábados
  • Los misterios dolorosos, que se rezan en martes y viernes
  • Los misterios gloriosos que se rezan en miércoles y domingo
  • Los misterios luminosos que se rezan en jueves.
Estos últimos misterios los incorporó S. Juan Pablo II en el año 2002, en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (Rosario de la Virgen María). 

Los cinco misterios gozosos son: 1.- La encarnación; 2.- La visita de la Virgen a Sta. Isabel; 3.- El nacimiento de Jesús; 4.- La presentación de Jesús en el templo; 5.- El Niño Jesús es perdido y hallado en el templo.

Los cinco misterios dolorosos son: 1.- La oración en el huerto de los Olivos; 2.- Jesús es apresado y azotado; 3.- La coronación de espinas; 4.- Jesús es cargado con la cruz; 5.- Jesús es clavado en la cruz.

Los cinco misterios gloriosos son: 1.- La Resurrección del Señor; 2.- La Ascensión del Señor; 3.- La venida del Espíritu Santo en Pentecostés; 4.- La Asunción de Nuestra Señora; 5.- La Virgen es coronada como Reina de los Cielos.

Los cinco misterios luminosos son: 1.- El bautismo del Señor; 2.- La autorevelación del Señor en las bodas de Caná; 3.- La predicación del Evangelio invitando a la conversión; 4.- La transfiguración; 5.- La institución de la Eucaristía en la Última Cena.

Cada rosario tiene así un enfoque propio. No es lo mismo rezarlo el lunes que el viernes que el domingo.


Distracciones

Uno de los problemas del rosario son las distracciones. Los labios van por un lado y la mente va por otro. Si alguien sabe como se vence a las distracciones, que me lo cuente, por favor. Yo me imagino a Abram espantando a los buitres que se cernían sobre su ofrendas (Génesis 15:10-11) y me veo como él, espantando a las distracciones que se ciernen sobre mi ofrenda. Se lucha, aunque no siempre se vence. Algunos consejos (que no siempre funcionan)
  • Fíjate en las palabras, no recites de corrido. Entona.
  • Ofrece cada misterio o cada Ave María por una intención. Así al menos te centras periódicamente
  • Piensa en alguna imagen del misterio antes de empezar cada misterio o Ave María
  • Si tienes una imagen de la Virgen, centra en ella tu mirada en ella y reza como si le hablaras
Y si tus pensamientos fluyen hacia temas religiosos o morales, déjalos ir. Pienso que el rosario los guía hacia Dios. Lo malo es que empiezas pensando en cómo liberarte de una tentación y acabas pensando en qué vas a comer para cenar.

Si no tenéis un rosario, compráoslo. Son baratos. Y rezadlo cada día. Las mejorías en vuestra vida las notaréis pronto.




miércoles, 17 de mayo de 2017

Compromiso de oración

(Esta es una versión reducida de mi entrada Compromiso de oración en el blog Acogiéndome a Sagrado)

Como católico, veo la sociedad y me asusto: moral casi inexistente, hipersexualidad, destrucción del concepto de familia, desplome de la natalidad, consideración del aborto como un derecho, imposición por ley de ideologías contrarias a la moral cristiana (siendo el LBGT el caso más claro), profanación de templos y símbolos cristianos, iglesias vacías, pobreza litúrgica. Incluso como ciudadano veo la corrupción, los ataques a la libertad de expresión (como al famoso autobús de Hazte Oír), el dinero y la economía como máximo criterio (y no me refiero sólo a los gobiernos: «ya tendré hijos cuando tenga la vida asentada»). O al presidente electo francés E. Macron diciendo que la cultura francesa no existe.

 El origen de todos estos problemas es que hemos alejado a Dios de nuestra sociedad. Para resolverlos necesitamos oración, mucha oración. Sólo la oración puede salvar esta sociedad.
Oración continuada, permanente. No una «cruzada de oración» que dure unos días. No un rosario una vez a la semana o al mes. No una novena. Oración diaria de aquí hasta el día de nuestra muerte.

Tengo un convencimiento profundo, un convencimiento que no procede de mí, de que si todos los católicos practicantes nos comprometiésemos a rezar una hora al día todos los días, los problemas descritos disminuirían visiblemente en unos meses. Y si seguimos constantes en la oración, se reducirían a la nada y no volverían. No digo nada nuevo. Sta. Teresa ya decía «Almas orad, orad, orad, porque todo lo puede la oración.»

Y eso busco: gente que se comprometa a rezar una hora al día, todos los días, para siempre, para salvar a esta sociedad (y a sí mismos). Comprométete ante Dios a rezar una hora al día todos los días.
Escríbelo. En un papel o en los comentarios de esta entrada.  Ahí va mi compromiso público:

«Yo, José Miró Julià, me comprometo ante Dios y ante mis hermanos a rezar al menos una hora al día hasta el fin de mis días, para la salvación de la sociedad y de las almas del mundo.»

Repite el compromiso cada semana.  Hazlo público si lo crees conveniente. Díselo a otros.

La oración nos salvará. Individualmente y colectivamente.

Estoy aquí para ayudar, y estoy seguro que no soy el único dispuesto a hacerlo. Escribid vuestro compromiso, mandad vuestros testimonios, proponed vuestras oraciones, exponed vuestras dudas, describid vuestros problemas. Usad los comentarios del blog o Twitter (@joe_miro). Cuantos más seamos, mejor. Estas cosas no suman: se multiplican.


martes, 2 de mayo de 2017

Magnificat

Empezamos mayo, uno de los momentos fuertes de devoción a la Virgen (el otro es Adviento). La primera entrada del mes debe ser una oración a la Virgen, ¿pero cuál? El final me he decidido por el Magnificat. El canto está recogido en el evangelio de S. Lucas, capítulo 1: 46-55.  Es la respuesta de María a su prima Sta. Isabel cuando la bendice.  Es, pues, la primera oración mariana que tenemos.

Es la única oración y el único "discurso" que conocemos de la Virgen. En el resto de los Evangelios apenas mencionan alguna frase y nunca toma protagonismo. Incluso en la Anunciación dice «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Su palabra», cediendo el protagonismo a Dios.

El nombre de la oración proviene de la primera palabra en latín: «Magnificat ánima mea Dóminum»: «Proclama mi alma la grandeza del Señor». Es un canto de alegría: María exulta por todo lo que el Señor hace por ella.

El Magnificat se reza todas las tardes en las vísperas de la Liturgia de las Horas. Y como pasa tantas veces, me parece mucho más bonito en latín.

Magnificat

Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
Porque ha mirado la humillación de su esclava

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles
De generación en generación

El hace proezas con su brazo
Dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos
Y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
Y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
Acordándose de su misericordia,
Como lo había prometido a nuestros padres,
En favor Abraham y su descendencia por siempre

Magnificat

Magnificat ánima mea Dóminum
Et exultavit spíritus meus in Deo, salutare meo,
quia respexit humilitatem ancillae suae.

Ecce enim et hoc beatam me dicent omnes generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
Et sanctum nomen eius, et misericordia eius 
ad progénie in progénies timéntibus eum.

Fecit potentiam in brachio suo
Dispersit superbos mentis cordis sui,
Depósuit potentes de sede
Et exaltavit húmiles
Esurientes implevit bonis
Et dívites dimisit inanes

Suscepit Israel puerum suum
Recordatus misericordiae suae
Sicut locutus est ad patres nostros
Abraham et sémini eius in saécula.

jueves, 27 de abril de 2017

Coronilla de la divina misericordia

El domingo pasado, Domingo de la Octava de Pascua, fue el Domingo de la Divina Misericordia. Es una fiesta reciente: es parte de la liturgia oficial de la Iglesia Católica desde el año 2000. Esta fiesta viene de las revelaciones de Jesucristo a la monja polaca santa María Faustina Kowalska, que murió en 1938 y fue canonizada el 30 de abril del 2000. Sta. Faustina es conocida como la apóstol de la misericordia.

Esta santa tenía conversaciones frecuentes con Jesucristo y escribió todo en su Diario. Una de las entradas del diario describe como Jesucristo le comunicó que en el segundo domingo de Pascua tendría misericordia absoluta: todo aquel que se confesara y comulgara tendría la remisión completa de culpas y castigos. Esto es más que una indulgencia plenaria, que sólo perdona los castigos.

En otra de sus conversaciones Jesús le encomendó que rezara la coronilla de la divina misericordia. Le explicó cómo debía rezarse. Según escribió en su diario, Jesús le dijo:
«Rezarás la coronilla durante nueve días con un rosario normal, de la manera siguiente: primero rezarás el padrenuestro, el avemaría y el credo. Después, en todas las cuentas del padrenuestro dirás las siguientes palabras:
Eterno Padre te ofrezco el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de tu amadísimo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, en expiación por nuestros pecados y los del mundo entero.
En las cuentas del avemaría, rezarás las siguientes palabras:
Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. 
Finalmente [tras las cinco decenas] rezarás tres veces estas palabras:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. »
 Jesús prometió que «Quien quiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá gracias de mi misericordia infinita.» Y también que «Cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como Juez justo, sino como Salvador misericordioso.»

Últimamente he tenido varios muertos en mi familia y entre mis amigos. El tener una oración concreta que rezar por su alma es muy reconfortante.


(Añadido el 26 de junio de 2018)

Si se quiere rezar en latín:

Debe rezarse primero el Pater noster, el Ave Maria y el Credo. Después en las cuentas del Padre Nuestro:
Pater aeterne, offero tibi Corpus et Sanguinem, animam et divinitatem dilectissimi Filii Tui, Domini nostri, Iesu Christi, in propitatione pro peccatis nostris et totius mundi
En las cuentas del Ave María:
Pro dolorosa Eius passione, miserere nobis et totius mundi 
Tras las cinco decenas, hay que recitar tres veces
Sanctus Deus, Sanctus Fortis, Sanctus Immortalis, miserere nobis et totius mundi.

 


sábado, 22 de abril de 2017

Padre, me pongo en tus manos. Oración de Carlos de Foucauld

Carlos de Foucauld nació en Estrasburgo en 1858. Se quedó huérfano muy joven. Fue educado por su abuelo en la fe católica, pero en su juventud la abandonó. Ingresó en el ejército, el ejército lo llevó a África, y allí en el desierto volvió a conocer a Jesús. Se hizo monje en Francia en 1890, después de unos años en un monasterio trapense y en Nazaret volvió a África y allí estuvo hasta que lo asesinaron en 1916. Hay muchos más detalles de su vida y su obra en la web de la Asociación de familia espiritual de Carlos de Foucauld.

Fue un gran orante. Tiene un capítulo en el gran libro En la escuela de los grandes orantes de Jaques Loew. Posiblemente su oración más conocida es esta oración de abandono, en el que se pone totalmente en manos de Dios. Curiosamente, la oración que conocemos no la escribió él, sino que está extraída de una meditación más larga basada en las palabras de Jesús en la cruz «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

La oración original es en francés. Hay varias traducciones al español. La que os pongo es la que recito yo.

Oración de abandono
Carlos de Foucauld

Padre, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras,
Sea lo que sea, te doy las gracias.
Lo acepto todo con tal que Tu voluntad
Se cumpla en mí y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre.

Yo te ofrezco mi alma
Y te la doy con todo el amor de que soy capaz.
Porque deseo darme,
Ponerme en tus manos,
Con infinita confianza,
Porque Tú eres mi Padre.

martes, 18 de abril de 2017

Regina coeli

Una oración tradicional mariana es el Ángelus. Es una oración que se reza al mediodía –aunque "oficialmente" debe rezarse tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al atardecer–. Me acuerdo que de niño veía por la televisión cómo se interrumpía el campeonato de España de pelota mano a mediodía para rezar el Ángelus.

Pues en Pascua no se reza el Ángelus. Se le sustituye por el Regina coeli, Reina del cielo. Es una oración corta, muy antigua, que ya rezaban los franciscanos en el S. XII. Es un canto cuyo texto hace alusión a la resurrección y por eso se reza en el período de Pascua y probablemente por eso el Papa Benedicto XIV, el año 1742, estableció que desde las primeras vísperas del día de Pascua (el sábado por la tarde) hasta mediodía del día de Pentecostés, se rezara el Regina coeli en vez del Ángelus.

La estructura similar al Ángelus: versos con sus consiguientes respuestas, pero sin Avemarías en medio. Lo que no tengo claro es cuántos versos hay: tanto he visto que sean 3, como sólo 2 (los dos primeros). Yo aquí lo escribo con tres versos.

Si se quiere cantar, hay muchas versiones: en gregoriano, o de grandes compositores: Victoria, Monteverdi, Vivaldi, Brahms.

Como de costumbre, os lo escribo en español y latín.

Reina del cielo

V/ Reina del cielo, alégrate,  aleluya
R/ Porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya

V/ Ha resucitado, según su palabra, aleluya
R/ Ruega al Señor por nosotros, aleluya

V/ Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya
R/ Porque verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya.

Oremos: Oh Dios, que por la resurrección de tu hijo nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén


Regina coeli

V/ Regina coeli, laetare, alleluia
R/ Quia quem meruisti portare, alleluia

V/ Resurrexit, sicut dixit, alleluia
R/ Ora pro nobis Deum, alleluia

V/ Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia
R/ Quia surrexit Dominus vere, alleluia

Oremus: Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundu laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; et, per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen