domingo, 31 de enero de 2021

Los siete domingos de S. José.

Una devoción arraigada es la de los Siete domingos de S. José. De mi devocionario: Se consigue “indulgencia plenaria en cada uno de los siete domingos continuos a elegir entre año, con tal que, verdaderamente arrepentidos, confesados y comulgados, recen las oraciones que luego siguen, visiten alguna iglesia u oratorio público y rueguen allí por algún espacio de tiempo según la mente de Su Santidad.”

Sin entrar en las indulgencias, la devoción consiste en estar confesados, ir a misa y comulgar los siete domingos previos a la  fiesta de S. José y rezar las siguientes oraciones, que se centran en siete dolores y gozos de San José.

Los siete domingos de San José

1.- ¡Oh Esposo purísimo de María Santísima, glorioso San José! Así como fue grande el trabajo y la angustia de vuestro corazón en la perplejidad de abandonar a vuestra purísima esposa, así fue inexplicable vuestro gozo cuando el Ángel os reveló el soberano misterio de la Encarnación.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, os rogamos que consoléis a nuestras almas ahora y en los últimos dolores con la alegría de una buena vida y una santa muerte semejante a la vuestra en medio de Jesus y María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

2.- ¡Oh felicísimo Patriarca, glorioso San José, que fuisteis escogida entre todos para el oficio de padre putativo del Verbo humano! El dolor que sentisteis al ver nacer el Niño Jesús en tanta pobreza, se cambió luego en alegría celestial oyendo la armonía angélica y viendo la gloria de aquella noche tan resplandeciente.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, os suplico que nos alcancéis que, después del camino de esta vida, pasemos a oír las alabanzas de los Ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

3.- ¡Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José! La sangre preciosísima que derramó el Niño Redentor en la Circuncisión os traspasó el corazón, pero el nombre de Jesús os reanimó llenándoos de gozo.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadnos que, quitado de nosotros todo vicio en vida, expiremos gozosos con el Santísimo nombre de Jesús en el corazón y en la boca.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

4.- ¡Oh fidelísimo Santo, que tuvisteis parte en los misterios de nuestra Redención, glorioso San José! Si la profecía de Simeón de lo que habían de padecer Jesús y María os causó un desmayo de muerte, también os colmó de un dichoso gozo la predicción de que ahí se seguiría la salud y resurrección de innumerables almas.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadnos que seamos del número de aquellos que por los méritos de Jesús y por la intercesión de María han de resucitar gloriosamente.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

5.- ¡Oh vigilantísimo Guarda, familiar íntimo del encarnado Hijo de Dios, glorioso San José! ¡Cuánto penasteis para sustentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente cuando tuvisteis que huir a Egipto!, pero ¡cuánto también gozasteis teniendo siempre con vos al mismo Dios y viendo caer a tierra los ídolos de Egipto!
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadme que, teniendo lejos de nosotros al tirano infernal, y especialmente huyendo de las ocasiones peligrosas, caiga de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno y, ocupados en servir a Jesús y María, para ellos vivamos solamente y muramos felizmente.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

6.- ¡Oh Ángel de la tierra, glorioso San José, que os admirasteis de ver al Rey del cielo sujeto a vuestras órdenes! Si vuestro consuelo al volver de Egipto se enturbió con el temor de Arquelao, sin embargo, asegurado por el Ángel, habitasteis alegre en Nazaret.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, alcanzadnos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de la paz de la conciencia y, viviendo seguros con Jesús y María, ellos nos asistan en nuestra agonía.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

7.-  ¡Oh ejemplar de toda santidad, glorioso San José! Perdido que hubisteis sin culpa al Niño Jesús para mayor dolor hubisteis de buscarle por tres días, hasta que con sumo júbilo gozasteis de vuestra vida hallada en el templo entre los doctores.
Por este vuestro dolor y por este vuestro gozo, os suplicamos de lo íntimo del corazón, que por vuestra intercesión jamás suceda que nosotros perdamos a Jesús con culpa grave, y que si por desgracia le perdiéramos, le busquemos con sumo dolor para hallarle piadoso, particularmente en nuestra muerte, a fin de que lleguemos a gozarle en el cielo, y a cantar allí con vos eternamente sus divinas misericordias
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


Antífona: Tenía Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba, de José. 
– San José, ruega por nosotros
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

Oración: Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por esposo de tu Madre Santísima: concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como intercesor en los cielos. Oh Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

En latín

Antiph.: Ipse Iesus erat incipiens quasi annorum triginta, ut putabatur, Filius Joseph.
– Ora pro nobis Sancte Ioseph.
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Deus qui ineffabili providentia Beatum Ioseph Sanctissimae Genitricis tuae sponsum eligere dignatus es: praesta quaesumus, ut quem protectorem veneramur in terris intercessorem habere mereamur in caelis. Qui vivis, et regnas in saecula saeculorum. Amen.

jueves, 24 de diciembre de 2020

O magnum mysterium

O magnum mysterium (¡Oh, gran misterio!) es un canto de Navidad que se cantaba en los maitines.  Hay muchas versiones, pero la de Tomás Luis de Victoria es una de las piezas más bonitas jamás escritas.

Os deseo a todos una Feliz Navidad.


O magnum mysterium

O magnum mysterium
et admirabile sacramentum,
ut animalia videret Dominum natum
jacentem in praesepio.
O beata Virgo, cuius viscera
meruerunt portare
Dominum Christum
Alleluia

Oh, gran misterio

¡Oh, gran misterio
y admirable sacramento
que los animales vieran al Señor nacido
yacente en un pesebre!
Oh, bienaventurada Virgen, cuyo vientre
fue digno de llevar
a Cristo el Señor.
Aleluya.





domingo, 20 de diciembre de 2020

Oh ven, oh ven, Emmanuel

Estamos en Adviento. Y en este tiempo litúrgico hay ciertos himnos específicos, especialmente para la semana antes de Navidad. Uno de ellos es el Oh ven, oh ven, Emmanuel. Este himno proviene de las antífonas que se usaban en vísperas en la octava antes de Navidad.  Algunas son muy antiguas, del s.IX o anteriores, aunque el himno que las recoge es posterior, del s. XVIII. 

Hay varias músicas para este himno. La que dejo aquí es del himno latino, aunque hay una versión en inglés. Por su estilo, es probable que se compusiera primero para el himno en inglés y después se adaptara al original en latín.

La traducción española, como suele ser el caso, no es una traducción literal, sino que sólo mantiene el sentido de las antífonas originales, cambiando la letra con cierta libertad. Que el Adviento os prepare para una Navidad profunda.

Oh ven, oh ven, Emmanuel

Ya muy cercano, Emmanuel,
hoy te presiente Israel,
que en triste exilio vive ahora
y redención de ti implora.

Ven ya, del cielo resplandor,
Sabiduría del Señor,
pues con tu luz, que el mundo ansía,
nos llegará nueva alegría.

Llegando estás, Dios y Seor,
del Sinaí legislador,
que la ley santa promulgaste
y tu poder allí mostraste.

Ven, Vara santa de Jesé,
contigo el pueblo a lo que fue
volver espera, pues aún gime
bajo el cruel yugo que lo oprime.

Ven, Llave de David, que al fin
el cielo abriste al hombre ruin
que hoy puede andar, libre su vía,
con la esperanza del gran día.

Aurora tú eres que, al nacer,
nos trae nuevo amanecer,
y, con tu luz, viva esperanza
el corazón del hombre alcanza.

Rey de la gloria, tu poder
al enemigo ha de vencer,
y, al ayudar nuestra flaqueza,
se manifiesta tu grandeza. Amén.

Veni, veni, Emmanuel

Veni, veni Emmanuel
captivum solve Israel
qui gemit in exilio
privatus Dei Filio.

Gaude! Gaude! Emmanuel
nascetur pro te, Israel!

Veni, O Sapientia
quae hic disponis omnia
veni, viam prudentiae
ut doceas et gloriae.

Gaude! Gaude! Emmanuel
nascetur pro te, Israel!

Veni, veni Adonai
qui populo in Sinai
legem dedisti vertice
in maiestati gloriae.

Gaude! Gaude! Emmanuel
nascetur pro te, Israel!

Veni, O Iesse virgula
ex hostis tuos ungula,
de specu tuos tartari
educ et antro barthari.

Gaude! Gaude! Emmanuel
nascetur pro te, Israel!

Veni, Clavis Davidica,
regna reclude caelica,
fac iter tutum superum,
et claude vias inferum.

Gaude! Gaude! Emmanuel
nascetur pro te, Israel!

Veni, veni O Oriens
solare nos adevenines,
noctis depelle nebulas,
dirasque mortis tenebras.

Gaude! Gaude! Emmanuel
nascetur pro te, Israel!

Veni, veni Rex Gentium,
veni, Redemptor omnium,
ut salvas tuos famulos
peccati sibi conscios.



lunes, 6 de abril de 2020

Los hombros traigo cargados

He descubierto esta cuaresma este preciosos poema de Alonso de Ledesma. Es un poeta del S. XVII que no conocía. Como muchos escritores de nuestro Siglo de Oro no era sólo un buen poeta, sino también un buen teólogo. Escribió los Conceptos Espirituales, en donde se tratan algunas cuestiones de la doctrina cristiana.

El poema que transcribo a continuación, Los hombros traigo cargados, muestra este buen conocimiento de la doctrina católica.  El par de versos  “dadme esas lágrimas vos/ y tomad estos pecados” lo demuestra: nuestra salvación de fundamenta en que Jesucristo toma nuestros pecados, y a nosotros nos toca arrepentirnos y llorar. Es un gran poema de cuaresma, que está como himno en la Liturgia de la Horas.


Los hombros traigo cargados
Alonso de Ledesma (1562 – 1623)

Los hombros traigo cargados
de graves culpas, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.

Yo soy quien ha de llorar
por ser acto de flaqueza
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.

Y, pues andamos trocados,
que yo peco y lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.

Vos sois quién cargar se puede
estas mis culpas mortales
que la menor destas tales
a cualquier peso excede.

Y, pues que son tan pesados
aquestos yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.


domingo, 29 de marzo de 2020

Las tres Ave Marías

Una de las pocas cosas buenas de estos días del coronavirus, es que se habla mucho de la muerte. Es bueno hablar de la muerte, recordar que somos mortales y que es más importante prepararnos para bien morir que prepararnos para vivir muchos años, aunque sea alejados de Dios.

Como hay una cierta conexión mental entre morir y dormir, ha sido una buena costumbre de muchos años aprovechar la oración de antes de irse a dormir para pedir una buena muerte. A mí me gusta rezar el Nunc dimittis, seguido de la jaculatoria de conclusión de las completas: “Que el Señor nos conceda una noche tranquila y una muerte santa”. También es popular rezar las tres avemarías.

Esta es una oración iniciada por Santa Matilde. Pidió a la Virgen asistencia a la hora de la muerte y la Virgen se lo concedió con tal que rezara diariamente tres Ave Marías con la intención que se indica.

Este rezo también sirve de novena, añadiendo alguna oración introductoria, como por ejemplo el Acordaos, y la petición de la novena.

Las tres Ave Marías
Santa Matilde

Oh Virgen poderosísima:  así como Dios Padre, en su munificiencia omnipotente, levantó tu alma sobre un trono de gloria sin igual, hasta el punto de que, después de Él, eres la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también te suplico me asistas en la hora de la muerte, para fortificarme y rechazar de mí toda potestad enemiga.

Ave María

Oh Virgen sapientísima: así como el Hijo de Dios, conforme a los tesoros de su sabiduría, te adornó y llenó maravillosamente de ciencia y entendimiento, de tal modo que gozas del conocimiento de la Santísima Trinidad más que todos los santos juntos, y como sol brillante, con la claridad de que te ha embellecido, adornas todo el cielo, así también te ruego me asistas a la hora de la muerte, para llenar mi alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas de la ignorancia y del error.

Ave María

Oh Virgen amantísima: así como el Espíritu Santo te llenó por completo de las dulzuras de su amor y te hizo tan amable y tan amante que, después de Dios, eres la más dulce y la más misericordiosa, así también te ruego me asistas en la hora de la muerte, llenando mi alma de tal suavidad de
amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para mí en delicias

Ave María

miércoles, 11 de marzo de 2020

Vía crucis cantado

Estamos en cuaresma, un buen momento para rezar el Via Crucis, sobre todo los viernes. A menudo se introducen cantos para pasar de una estación a otra, por ejemplo el Stabat Mater. Pero también existen versiones cantadas de las estaciones.

Una versión cantada muy bonita es una catalana, Per vostra Passió Sagrada, con texto de Lluís Mª de Valls con música de Lluís Millet. Es muy popular en Cataluña y también en Mallorca. La letra se ha traducido al castellano. Abajo tenéis las versiones en ambos idiomas. También he añadido un video con el canto en catalán, para que la podáis escuchar y aprender.

Este canto permite cantar todo el vía crucis o, si se quiere,  añadir un Padre Nuestro y un Ave María tras la estrofa de cada estación.

Espero que esto os ayude a rezar el Vía crucis en este tiempo cuaresmal. Recordad que rezar el Vía crucis trae aparejada indulgencia plenaria.

Por vuestra Pasión Sagrada
Texto: Lluís Mª de Valls;  música: Lluís Millet

Por vuestra Pasión Sagrada
¡Oh adorable Redentor!
Salvad el alma penada
de este pobre pecador.

(I) Jesús víctima escogida
es condenado a morir;
para darme eterna vida
quiere tal suerte sufrir.

Por vuestra…

(II) Con el leño tan pesado
va Jesús con tierno amor
en sus hombros colocado
es por mí, vil pecador.

(III) Mi Jesús por vez primera
rendido en tierra cayó;
haré su cruz más ligera
si a sus pies me postro yo.

(IV) En la calle de amargura
a su Madre Jesús ve,
de semejante tortura
mi maldad la causa fue.

(V) Obligado el Cireneo
presta ayuda al Redentor.
Yo llevar mi cruz deseo,
resignado y por amor.

(VI) Verónica compasiva,
limpia la divina Faz,
del polvo, sangre y saliva
de mi soberbia procaz.

(VII) Jesús, de fatiga tanta,
cae por segunda vez;
cayó cuando su ley santa
quebranté con altivez.

(VIII) Jesús a llorar convida
a las hijas de Judá.
Si lloro mi mala vida
Jesús me consolará.

(IX) Jesús ríndese extenuado
ante inmensa multitud;
¡Ay! qué cara le ha costado
mi obstinada ingratitud.

(X) Arrancan las vestiduras
a Jesús con gran crueldad.
Así expía mis locuras,
mi impureza y vanidad.

(XI) Con terribles martillazos
en la cruz clavado fue.
Yo descoyunté sus brazos,
sus manos y pies clavé.

(XII) Después de larga agonía
el buen Jesús expiró;
y al verle ¿no lloraría
sus culpas quien lo ofendió?

(XIII) El cadáver santo adora
María con gran piedad.
El perdón ¡oh Madre!, implora
este monstruo de maldad.

(XIV) En el sepulcro reposa
el cuerpo del Salvador.
Encerrado con su losa
quisiera morir de amor.



Per vostra Passió sagrada,
adorable Redemptor,
perdoneu altra vegada
a aquest pobre pecador.

(I) Jesús, víctima escollida,
és condemnat a la mort;
per donar-me eterna vida
Ell sofreix tan trista sort.

(II) Jesucrist la Creu pesada
porta al coll per amor meu;
jo mateix li he carregada
en pecar contra mon Déu!

(III) Jesús per volta primera
cau de cansament rendit;
sa Creu tornaré lleugera
si a sos peus caic penedit.

(IV) Al carrer de l'Amargura
Mare i Fill s'han contemplat;
mira bé, vil criatura,
quin martiri els has causat!

(V) A Jesús li dóna ajuda
de mal grat el Cireneu;
per mes culpes merescuda,
no voldré portar ma creu?

(VI) Verònica, compassiva,
eixuga aquell front sagrat
de la sang, pols i saliva
amb què jo l'he profanat.

(VII) Com la Creu és tan pesada,
defallit cau novament;
cau Jesús cada vegada
que jo trenco un manament.

(VIII) Jesús a plorar convida
a les filles de Judà;
si ploro ma mala vida,
Jesús m'aconsolarà.

(IX) Jesús, tercera vegada
sense forces ha caigut.
Ai!, que cara l'ha pagada
ma obstinada ingratitud.

(X) Arrenquen les vestidures
a l'Anyell immaculat;
oh faltes meves impures:
vosaltres l'heu despullat.

(XI) Amb furientes martellades
és Jesús clavat en Creu;
jo sóc qui les hi ha donades
amb mes ofenses a Déu!

(XII) Després de llarga agonia,
el Bon Jesús ha expirat;
davant seu, ¿no ploraria
el gran crim d'haver pecat?

(XIII) Rep Maria amb amargura
el Cos del son Fill diví;
amb ma vida tan impura
jo he sigut el seu botxí.

(XIV) Dins el sepulcre reposa
el Cos del meu Redemptor;
agraït, damunt la llosa
voldria morir d'amor.

lunes, 2 de marzo de 2020

Coronas

Esta oración poema es un himno que se reza durante la cuaresma, en las vísperas. Siempre me ha movido, me ha resonado en el alma por su sinceridad. Tenía claro que la persona que había escrito esto sabía de honores, laureles y nobleza. Pero hasta hoy no había investigado su origen.

Descubrí que había sido escrito por Cristina de Arteaga, sor Cristina de la Cruz. ¿Escrito por una monja? No puede ser, no encajaba. Hasta que leí algo de su vida. Fue hija del Marqués de Santillana y de la Condesa de Santiago. Luego sí que sabía de nobleza y blasones. También sabía de laureles: le dieron la Gran Cruz de Alfonso XII por su brillante expediente y fue la primera mujer en España que se doctoró en Historia.

Tenía una vida de gloria y honores civiles y académicos por delante, pero se metió monja en 1934, durante la Segunda República, cuando quemaban iglesias y conventos. Este poema claramente le salió muy de dentro. Y se nota.

Coronas
Sor Cristina de la Cruz Arteaga

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des coronas, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que Tú predestinas.
Sólo Tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas!
Amén