jueves, 21 de septiembre de 2017

Oración al levantarte

Me gusta hacer un rato de oración al levantarme. Esta oración la he sacado, como tantas otras, del devocionario de mi abuelo, El caballero cristiano.  Tiene tres partes: una petición de que el día sea santo, consagraciones al Corazón de Jesús y a María Santísima y oraciones más genéricas a San José y al ángel de la guarda.

En el devocionario le añade el Credo y el Ángelus. Cada uno puede adaptarla a sus gustos y devociones.

Oración al levantarte

Señor, oye mi oración y llegue a ti mi clamor.

Señor, Dios omnipotente, que nos has hecho llegar al principio de este día: sálvanos hoy por tu poder, para que en todo el día no caigamos en ningún pecado, sino que todas nuestras palabras, pensamientos y obras vayan dirigidos al cumplimiento de tu ley; por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que como Dios vive y reina contigo en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Oh Dios, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme.

Dígnate, Señor, Dios del cielo y de la tierra, dirigir, santificar, conducir y gobernar en este día nuestros corazones y nuestros cuerpos, nuestros sentidos, palabras y acciones según tu ley, por el camino de tus preceptos, para que aquí y en la eternidad, por tu favor, merezcamos ser salvos y libres, oh Salvador del mundo, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Consagración al Corazón de Jesús: ¡Oh, Jesús mío! Por medio del Corazón inmaculado de María Santísima os ofrezco mis pensamientos, palabras y obras y las uno a las intenciones de vuestro divino Corazón.

Consagración a María Santísima: ¡Oh, Señora mía!¡Oh, Madre mía! Yo me entrego del todo a vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de piedad!, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Tres Avemarías.

A San José: Oh Dios, que con inefable providencia te has dignado escoger a San José para esposo de tu Santa Madre: te suplicamos que hagas que, así como nosotros le veneramos como protector en la tierra, así el sea nuestro intercesor en los cielos. Señor que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Al ángel de la guarda: Ángel de Dios, ángel de mi guarda, pues la bondad divina me ha encomendado a tu custodia, ilumíname, guárdame, rígeme, gobiérname. Amén.

Oremos: Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que los que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz seamos llevados a la gloria de su resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Oración de Sta. Faustina Kowalska a Nuestra Señora de los Dolores

Esta oración de la santa polaca Faustina Kowalska (1905 – 1938) la encontré en un pequeño libro,  366 Textos de Santa Faustina Kowalska que es una colección de breves textos sacados de su diario. No la conocía, hasta que oí hablar de su coronilla de la divina misericordia  y del Domingo de misericordia (el segundo domingo después de Pascua). Sus pensamientos son profundos, te mueven el alma, te incitan a la conversión.

Esta pequeña oración no sé si la compuso específicamente para la Virgen de los Dolores, pero es especialmente adecuada para recitarla hoy, el día de su conmemoración.

Oración a la Virgen de los Dolores
Sta. Faustina Kowalska (1905 – 1938)
¡Oh, Madre de Dios!  Tu alma estuvo sumergida en el mar de amargura. Mira a tu niña y enséñale a sufrir y a amar en el sufrimiento.  Fortalece mi alma para que el dolor no la quebrante.  Madre de la gracia, enséñame a vivir en Dios.

martes, 12 de septiembre de 2017

Salve Regina

Hoy celebramos el Dulce Nombre de María (y Nuestra Señora de Lluc, patrona de Mallorca) y es justo y conviene que la oración de hoy sea una oración mariana. La Salve es probablemente la segunda oración mariana más conocida (tras el Ave María, naturalmente). Es muy antigua, del año 1000 o anterior. Se ha atribuído a mucha gente, entre otros a S. Bernardo de Claraval, que ahora se sabe sólo añadió la frase final («Oh clemens, oh pia, oh dulcis Virgo Maria»). A partir de ella se han creado muchas variantes locales, como la Salve rociera o la Salve marinera.

Se escribió originalmente en latín, como es natural de una oración tan antigua y creo que, incluso hoy en día, hay más gente que se la sabe en latín que en español. Al menos si propones cantar la Salve, todos empiezan «Salve regina, mater misericordiae…». Y esta versión gregoriana de la Salve (que incluyo al final) es quizá la canción católica más conocida: la he oído cantar multitudinariamente en España, Francia, Italia, Estados Unidos.

Salve regina

Salve regina, mater misericordiae
vita, dulcedo et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules filii Hevae,
ad te suspiramus, gementes et flentes, in hac lacrimarum valle.
Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictum, fructus ventris tui, nobis, post hoc exsilium, ostende.
Oh clemens, oh pia, oh dulcis Virgo Maria.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia;
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti clamamos, los exiliados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos el fruto bendito de tu vientre, Jesús.
Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.


jueves, 7 de septiembre de 2017

Memorare (Acordaos)

El Acordaos (o Memorare en latín) es una oración a la Virgen atribuida a S. Bernardo de Claraval (o de Clairvaux) (1090–1153), aunque probablemente sea bastante posterior. Sigue un modelo retórico que se encuentra en otras oraciones: «nunca has fallado a nadie, por lo tanto te ruego confiado ya que sé que no me fallarás a mí tampoco.» Como en otras oraciones no sé si esto es algo de cara dura o confianza completa en Nuestra Señora.

Esta oración es parte de la novena a Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Es una novena que rezaba Santa Teresa de Calcuta cuando tenía que pedir algo. Pero no lo rezaba en nueve días sino que lo rezaba 10 veces seguidas: 9 para hacer la petición y la décima en acción de gracias pues estaba segura que Dios le concedería lo pedido.

El original es en latín, y, como suele pasar,  tiene una cadencia más bonita y es más poético que en español.

Os escribo ambas.

Acordaos

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que ha acudido a vuestra protección
implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro
haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh, Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas
antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén

Memorare

Memorare, O piisima Virgo Maria,
non esse auditum a saeculo
quemquam ad tua currentem praesidia,
tuam implorantem auxilia, tua petentem suffragia,
esse derelictum.
Ego tali animatus confidentia,
ad te, Virgo Virginum, Mater,
curro, ad te venio, coram te gemens peccator assisto.
Noli, Mater Verbi, verba mea despicere,
sed audi propitia et exaudi.
Amen.

martes, 5 de septiembre de 2017

Acto de confianza en el Sagrado Corazón de Jesús

La primera vez que leí esta oración en el devocionario de mi abuelo me fascinó. A veces pienso «¡Pero que caradura es este tío!» pero en otras (la mayoría) me admira la confianza total que tiene y su abandono total en el Sagrado Corazón. Y le envidio, pues me gustaría tener tanta fe y tanta confianza en Dios como él muestra. Quizá rezando esta oración a menudo consiga aumentar mi fe y confianza.

Acto de confianza en el Sagrado Corazón de Jesús
B.P. de la Colombiére S.J.

Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en ti y de que no puede faltar cosa alguna a quien de ti las aguarda todas, que he determinado vivir en adelante sin ningún cuidado, descargándome en ti de toda mi solicitud. 
Despójenme los hombre de los bienes y de la honra, prívenme las enfermedades de las fuerzas y los medios de servirte, pierda yo por mí mismo la gracia pecando; que no por eso perderá la esperanza, antes la conservaré hasta el postrer suspiro de mi vida, y vanos serán los esfuerzos de todos los demonios del infierno para arrancármela, porque con vuestro auxilio me levantaré de la culpa. 
Aguarden unos la felicidad de sus riquezas o talentos; descansen otros en la inocencia de su vida, en la aspereza de su penitencia, en la multitud de sus buenas obras o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a mí, toda mi confianza se funda en la seguridad con que espero ser ayudado de ti, y en el firme propósito que tiendo de cooperar a tu gracia. Confianza como esta jamás a nadie salió fallida. Así que seguro estoy de ser eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serlo, y porque tú, Dios mío, eres de quien lo espero todo. 
Bien conozco de mí que soy frágil y mudable; sé cuánto pueden las tentaciones contra las virtudes más robustas; he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de eso logra acobardarme. 
Mientras espere de veras, libre estoy de toda desgracia; y de que esperaré siempre estoy cierto, porque espero también esta esperanza invariable. En fin, para mí es seguro que nunca será demasiado lo que espere de ti, y que nunca tendré menos de lo que hubiere esperado. Por tanto, espero que me sostendrás sin dejarme caer en los riesgos más inminentes y me defenderás aún de los ataques más furiosos, y harás que mi flaqueza triunfe de los más espantosos enemigos. Espero que me amarás a mí siempre, siempre y yo a mi vez te amaré sin intermisión; y para llegar de un solo vuelo con la esperanza hasta donde puede llegarse, te espero a ti mismo, oh Creador mío, para el tiempo y para la eternidad. Amén.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Oración de Job

En cierto modo somos unos desagradecidos: si las cosas van bien nos parece lo “normal” y si van mal nos quejamos. ¿Por qué es “normal” poder comer abundantemente todos los días?¿Por qué es “normal” estar rodeado de familia y amigos?¿Por qué es “normal” gozar de buena salud y tener médicos cerca si tienes algún mal?¿Por qué es “normal” tener Internet?

En la Liturgia de las horas hay una lectura breve que procede del libro de Job, que, para mí, recoge muy bien la actitud que deberíamos tener y no tenemos. A menudo la providencia divina nos da bienes y otras, nos da sufrimientos. Y todo es bueno para nosotros y merece que demos gracias a Dios por ello.

Esta pequeña oración es fácil de saber de memoria y me gusta recitarla cuando las cosas me van bien –para recordarme que eso no es lo “normal”– y también cuando van mal –para recordarme que este mal también es un don de Dios y me lo da para que salga algo bueno de ello–.

Ahí os lo dejo.

Cántico de Job
Job 1, 21; 2, 10b

Desnudo salí del vientre de mi madre,
desnudo volveré a él;
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó:
bendito sea el nombre del Señor.
Si aceptamos de Dios los bienes,
¿no vamos a aceptar los males?

miércoles, 2 de agosto de 2017

Comunión espiritual

Hoy es S. Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia. El era muy devoto de la adoración del Santísimo. Escribió un librito, que tengo –vía mi abuelo– en edición de 1926, con oraciones para 31 visitas que concluyen con una Comunión espiritual. Empieza el libro explicando qué es la Comunión espiritual: es un deseo ardiente de recibir a Jesús Sacramentado, y en darle interiormente un amoroso abrazo, como si de verdad lo hubiéramos recibido. Se recibe una gracia similar a la de la Comunión sacramental. En el concilio de Trento se alabó su uso y se exhortó a los fieles a que lo practicaran. Acaba su explicación S. Alfonso María diciendo:
Así pues, las personas que deseen ir creciendo en el amor de Jesucristo hagan una Comunión espiritual en cada visita y otra en cada misa, aunque serían mejor que fuesen tres, una al principio, otra al medio y otra al fin, por ser su utilidad mucho mayor de lo que algunos juzgan, al mismo tiempo que es muy fácil, pues como decía la beata Juana de la Cruz, el comulgar espiritualmente se puede hacer sin que nadie lo advierta, sin estar en ayunas y sin licencia del confesor, porque a cualquier hora y con un solo acto de amor está hecha.
Poco puedo añadir. Da dos versiones, la “normal” y la breve. Es una lástima que sea una devoción que se haya perdido.

Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sacramento; os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros. Pero no pudiendo ahora sacramentalmente, venid, a lo menos, espiritualmente a mi corazón y, como si ya os tuviera conmigo, os abrazo y me uno con Vos. No os apartéis de mí.
Versión breve
Creo, Jesús mío, que estás en ese adorable Sacramento. Os amo y deseo recibir. Venid, os abrazo; no os apartéis de mí.