Una novena es una oración que se reza durante varios días, típicamente nueve. Proviene probablemente de los nueve días de oración que hicieron los Apóstoles entre la Ascensión y Pentecostés. Las novenas solicitan la intercesión a Jesús, la Virgen o algún santo para una intención concreta. A veces son peticiones personales, pero también se han organizado novenas nacionales e internacionales para pedir, por ejemplo, por el aborto. Dado que junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús, esta entrada presenta la novena al Sagrado Corazón.
Esta novena tiene 4 partes: una oración inicial; una oración específica del día; la oración al Padre Eterno con la petición; y la oración final. Recomiendo que antes de empezar la novena se lea con atención las nueve oraciones diarias. Todas juntas forman un todo y si sólo se lee una cada día, no se ve.
Novena al Sagrado Corazón
Oración inicial
¡Oh, divino Corazón de mi amado Jesús, en quien toda la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concededme un corazón semejante a vos mismo, y la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, vuestro sagrado culto y bien de mi alma. Amén.
Oración especifica del día
Para el día primero – ¡Oh Corazón sagrado y melífluo de Jesús, que, con fervientes deseos y ardiente amor, deseáis corregir la sequedad y tibieza de nuestros corazones! Inflamad y consumid las maldades e imperfecciones del mío, para que se abrase en vuestro amor; dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, oh amado Corazón, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Sta. Margarita María de Alacoque.
Para el día segundo – ¡Oh Corazón amable de Jesús, celestial puerta por donde nos llegamos a Dios y Dios viene a nosotros! Dignaos estar patente a nuestros deseos y amorosos suspiros, para que, entrando por Vos a vuestro Eterno Padre, recibamos sus celestiales bendiciones y copiosas gracias para amaros. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Para el día tercero – ¡Oh Corazón Santo de Jesús, camino para la mansión eterna y fuente de aguas vivas! Concededme que siga vuestras sendas rectas para la perfección y para el cielo y que beba de vos el agua dulce y saludable de la verdadera virtud y devoción, que apaga la sed de todas las cosas temporales. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Para el día cuarto – ¡Oh puro Corazón de Jesús, espejo cristalino en quien resplandece toda las perfección! Concededme que yo pueda contemplaros perfectamente, para que aspire a formar mi corazón a vuestra semejanza en la oración, en la acción y en todos mis pensamientos, palabras y obras. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Para el día quinto – ¡Oh dulce Corazón de Jesús, órgano de la Trinidad veneranda, por quien se perfeccionan todas nuestra obras! Yo os ofrezco las mías, aunque tan imperfectas, para que supliendo vos mi negligencia, puedan aparecer muy perfectas y agradables ante el divino acatamiento. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Para el día sexto – ¡Oh amplio Corazón de Jesús, templo sagrado donde me mandáis habite con toda mi alma, potencias y sentidos! Gracias os doy por la inexplicable quietud, sosiego y gozo que yo he hallado en este templo hermoso de la paz, donde descansaré gustoso eternamente. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Para el día séptimo – ¡Oh clemente Corazón de Jesús, divino propiciatorio, por el cual ofreció el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones, diciendo: «Pídeme por el Corazón de mi amado hijo Jesús; por este Corazón te oiré y alcanzaré cuanto me pides.»! Presento sobre vos a vuestro Eterno Padre todas mis peticiones para conseguir el fruto que deseo. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Para el día octavo – ¡Oh amado Corazón de Jesús, trono ígneo y lúcido, inflamado en el amor de los hombres, a quienes deseáis abrasados mutuamente en vuestro amor! Yo deseo vivir siempre respirando llamas de amor divino en que me abrase, y con que encienda a todo el mundo, para que os corresponda amante y obsequioso. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Para el día noveno – ¡Oh doloroso Corazón de Jesús, que para ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor con que padecisteis tantos dolores y penas para salvarnos, los quisisteis representar en la cruz, corona de espinas y herida de la lanza, con que os manifestasteis paciente y amante al mismo tiempo! Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.
Tres Padrenuestros y tres Avemarías.
Oración al Padre Eterno
¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divino Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suave Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido que los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.
La petición.
Oración final
¡Oh divino Corazón de Jesús, digno de la adoración de los hombres y de los ángeles! Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas!¡Oh dulce Corazón de Jesús! Yo profundamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os pueda dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.
Antífona (en Español): Mi corazón sufre improperios y miserias. He estado esperando alguno que se contriste conmigo y no hay ninguno; alguno que me consuele y no viene nadie. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón – Y hallaréis paz en vuestras almas.
Oremos: Señor Nuestro Jesucristo que, por un beneficio singular de tu amor, te has dignado revelar a la Iglesia, tu esposa, las inefables riquezas de tu Corazón: concédenos propicio que nuestros corazones merezcan enriquecerse con las gracias celestiales que manan de esa dulce fuente. Señor que vives y reinas, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Antiphona (en latín): Improperium expectavit Cor meum, et miseriam, et sustinui qui simul contristaretur, et non fuit; et qui consolaretur, et non inveni. Discite a me, quia mitis sum et húmilis corde – Et invenietis requiem animabus vestris.
Oremus: Dómine Iesu, qui ineffabiles Cordis tui divitias Ecclesiae Sponsae tuae singulari dilectionis beneficio aperire dignatus es: concede propitius, ut gratiis caelestibus, ex hoc dulcissimo fonte manantibus, corda nostra ditari ac recreari mereantur. Qui vivis et regnas Deus in saecula saeculorum. Amen.
miércoles, 21 de junio de 2017
domingo, 18 de junio de 2017
Cantemos al amor de los amores
Hoy es el Corpus Christi, la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. La oración por excelencia para este día es el Pange Lingua, de Sto. Tomás de Aquino. Pero hay otra oración, muy conocida como canción: Cantemos al amor de los amores. En la Liturgia de las Horas aparece como himno de las vísperas. Y he descubierto que es una oración más larga que el trozo que cantamos. La canción es sólo para el trozo inicial. La segunda parte es muy bonita y añade al himno. Desgraciadamente, no se puede cantar esta segunda parte con la melodía que conocemos y no he encontrado en ningún sitio ni una partitura ni el canto con toda la letra.
Dos cosillas más que me encariñan a la canción. El autor de la letra es el Restituto del Valle, padre agustino que estuvo destinado aquí en Mallorca, en la Iglesia de Socorro. Y se puede considerar el himno de nosotros los adoradores.
Cantemos al amor de los amores
P. Restituto del Valle
Cantemos al Amor de los amores,
cantemos al Señor.
¡Dios está aquí! Venid, adoradores,
adoremos a Cristo Redentor.
¡Gloria a Cristo Jesús! Cielos y Tierra,
bendecid al Señor.
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria,
amor por siempre a ti, Dios del Amor!
¡Oh Luz de nuestras almas!
¡Oh Rey de las victorias!
¡Oh Vida de la vida
y Amor de todo amor!
¡A ti, Señor, cantamos,
oh Dios de nuestras glorias,
tu nombre bendecimos,
oh Cristo Redentor!
¿Quién como tú, Dios nuestro?
Tú reinas y tú imperas;
aquí te siente el alma,
la fe te adora aquí,
¡Señor de los ejércitos,
bendice tus banderas!
¡Amor de los que triunfan,
condúcelos a ti! Amén
Dos cosillas más que me encariñan a la canción. El autor de la letra es el Restituto del Valle, padre agustino que estuvo destinado aquí en Mallorca, en la Iglesia de Socorro. Y se puede considerar el himno de nosotros los adoradores.
Cantemos al amor de los amores
P. Restituto del Valle
Cantemos al Amor de los amores,
cantemos al Señor.
¡Dios está aquí! Venid, adoradores,
adoremos a Cristo Redentor.
¡Gloria a Cristo Jesús! Cielos y Tierra,
bendecid al Señor.
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria,
amor por siempre a ti, Dios del Amor!
¡Oh Luz de nuestras almas!
¡Oh Rey de las victorias!
¡Oh Vida de la vida
y Amor de todo amor!
¡A ti, Señor, cantamos,
oh Dios de nuestras glorias,
tu nombre bendecimos,
oh Cristo Redentor!
¿Quién como tú, Dios nuestro?
Tú reinas y tú imperas;
aquí te siente el alma,
la fe te adora aquí,
¡Señor de los ejércitos,
bendice tus banderas!
¡Amor de los que triunfan,
condúcelos a ti! Amén
miércoles, 31 de mayo de 2017
Letanía de la humildad
Los que siguen este blog saben que la falta de humildad es uno de mis pecados habituales. Por eso me llamó mucho la atención esta letanía de la humildad que encontré en el prólogo del libro del cardenal Robert Sarah La fuerza del silencio. Frente a la dictadura del ruido.
Es una oración que rezaba el cardenal hispano-inglés Rafael Merry del Val. Tras retirarse, la recitaba al final de la misa de cada día. Contrario a lo que dice el libro, no la compuso él: existía una versión anterior en un devocionario inglés, el Handbook of Prayer del Midwest Theological Forum, de autor desconocido. Probablemente el cardenal la adaptó y siendo un personaje muy conocido –fue secretario de Estado de S. Pío X– la popularizó.
Es una oración que me impactó desde la primera vez que la leí. Además de rezarla entera muy a menudo, me va bien recitar trozos durante mi actividad: si me pasan por alto en algo me digo «De que se me deje en el último lugar, Señor, me alegraré» o si me entra el temor a quedar mal me digo «Del temor de perder la fama, líbrame Señor» o si me encuentro “dándome autobombo” me repito «Del deseo de ser aprobado, líbrame Señor». Es un buen rezo para darte cuenta de todo lo que haces para ensalzarte, mirando al mundo y no a Dios.
Letanía de la humildad
Autor anónimo, versión del cardenal Rafael Merry del Val
¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, escúchame:
Del deseo de ser reconocido – líbrame Señor;
Del deseo de ser estimado,
Del deseo de ser amado,
Del deseo de ser ensalzado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser preferido,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aprobado,
Del deseo de quedar bien,
Del deseo de recibir honores,
Del temor de ser criticado – líbrame Señor;
Del temor de ser juzgado ,
Del temor de ser atacado,
Del temor de ser humillado,
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser señalado,
Del temor de perder la fama,
Del temor de ser reprendido,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser ridiculizado,
Del temor de la injusticia,
Del temor de ser sospechado – líbrame Señor;
Jesús, concédeme la gracia de desear:
Que los demás sean más amados que yo;
Que los demás sean más estimados que yo;
Que en la opinión del mundo otros sean engrandecidos y yo humillado;
Que los demás sean preferidos y yo abandonado;
Que los demás sean alabados y yo menospreciado;
Que los demás sean elegidos en vez de mí en todo;
Que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente;
De ser desconocido y pobre – Señor, me alegraré;
De estar desprovisto de perfecciones naturales de cuerpo y de espíritu,
De que no se piense en mí,
De que se me ocupe en los empleos más bajos,
De que ni se dignen usarme,
De que no se me pida mi opinión,
De que se me deje en el último lugar,
De que no me hagan cumplidos,
De que me reprueben a tiempo y a destiempo – Señor, me alegraré;
Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia,
porque suyo es el Reino de los Cielos.
Oremos. ¡Oh, Jesús! que, siendo Dios te humillaste, y en una muerte de cruz,
para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio.
Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que
humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser
ensalzados hasta gozar eternamente de Ti en el Cielo.
Es una oración que rezaba el cardenal hispano-inglés Rafael Merry del Val. Tras retirarse, la recitaba al final de la misa de cada día. Contrario a lo que dice el libro, no la compuso él: existía una versión anterior en un devocionario inglés, el Handbook of Prayer del Midwest Theological Forum, de autor desconocido. Probablemente el cardenal la adaptó y siendo un personaje muy conocido –fue secretario de Estado de S. Pío X– la popularizó.
Es una oración que me impactó desde la primera vez que la leí. Además de rezarla entera muy a menudo, me va bien recitar trozos durante mi actividad: si me pasan por alto en algo me digo «De que se me deje en el último lugar, Señor, me alegraré» o si me entra el temor a quedar mal me digo «Del temor de perder la fama, líbrame Señor» o si me encuentro “dándome autobombo” me repito «Del deseo de ser aprobado, líbrame Señor». Es un buen rezo para darte cuenta de todo lo que haces para ensalzarte, mirando al mundo y no a Dios.
Letanía de la humildad
Autor anónimo, versión del cardenal Rafael Merry del Val
¡Oh Jesús!, manso y humilde de corazón, escúchame:
Del deseo de ser reconocido – líbrame Señor;
Del deseo de ser estimado,
Del deseo de ser amado,
Del deseo de ser ensalzado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser preferido,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aprobado,
Del deseo de quedar bien,
Del deseo de recibir honores,
Del temor de ser criticado – líbrame Señor;
Del temor de ser juzgado ,
Del temor de ser atacado,
Del temor de ser humillado,
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser señalado,
Del temor de perder la fama,
Del temor de ser reprendido,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser ridiculizado,
Del temor de la injusticia,
Del temor de ser sospechado – líbrame Señor;
Jesús, concédeme la gracia de desear:
Que los demás sean más amados que yo;
Que los demás sean más estimados que yo;
Que en la opinión del mundo otros sean engrandecidos y yo humillado;
Que los demás sean preferidos y yo abandonado;
Que los demás sean alabados y yo menospreciado;
Que los demás sean elegidos en vez de mí en todo;
Que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente;
De ser desconocido y pobre – Señor, me alegraré;
De estar desprovisto de perfecciones naturales de cuerpo y de espíritu,
De que no se piense en mí,
De que se me ocupe en los empleos más bajos,
De que ni se dignen usarme,
De que no se me pida mi opinión,
De que se me deje en el último lugar,
De que no me hagan cumplidos,
De que me reprueben a tiempo y a destiempo – Señor, me alegraré;
Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia,
porque suyo es el Reino de los Cielos.
Oremos. ¡Oh, Jesús! que, siendo Dios te humillaste, y en una muerte de cruz,
para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio.
Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que
humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser
ensalzados hasta gozar eternamente de Ti en el Cielo.
sábado, 27 de mayo de 2017
Bendita sea tu pureza
Esta es una breve oración a la Virgen que aprendí de niño, que todos sabíamos, pero que por lo que sea dejé de usar. Hace años o décadas que no la oía. El jueves fui a rezar el rosario con las monjas en la capilla de la adoración perpetua y la rezaron. Y me acordé de casi toda la oración. Es muy sencilla pero muy bonita. Es de autor desconocido y parece que es del S. XVII.
Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea
Que todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza
A Ti celestial princesa
Virgen Sagrada María
Te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.
Mírame con compasión
No me dejes Madre mía
Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea
Que todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza
A Ti celestial princesa
Virgen Sagrada María
Te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.
Mírame con compasión
No me dejes Madre mía
martes, 23 de mayo de 2017
El Santo Rosario
Siendo mayo, mes de María, es obligada una entrada sobre la oración mariana por excelencia: el rosario. Es una oración muy antigua, del S. IX o anterior y es seguramente la oración compuesta más rezada: millones lo rezamos todos los días.
Cuando Sta. Bernardette tuvo la primera aparición de la Virgen, sacó su rosario y se puso a rezarlo y la Virgen la acompañó en el rezo. En muchas apariciones la Virgen ha pedido que se rece el rosario. Dice que es su oración favorita. El Padre Pío (y otros) han llamado al rosario su arma contra el mal (o contra el demonio). Todos los que rezamos el rosario con asiduidad notamos un cambio en nuestro interior.
De niño mis padres nos hicieron rezar el rosario en familia algunas veces. Lo odiaba (y mis hermanas también). Supongo que por eso dejaron de hacerlo. Yo volví a retomar el rezo del rosario en una visita a Lourdes hace unos dos años. Lo rezo todos los días y se han vuelto las tornas: me gusta rezarlo con mi madre siempre que puedo.
Cómo se reza
El rosario puede empezar con una “entrada”. He visto diferentes versiones. Yo empiezo con un acto de contrición o un credo, un padre nuestro, tres avemarías y un gloria. También se puede omitir y empezar con el primer misterio, pero me parece una forma un poco brusca de empezar, sin algo de preparación.
Tras la entrada se rezan cinco misterios y para cada uno se enuncia el misterio, se reza un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria y tras el Gloria se añade la jaculatoria “María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Depende del día, se rezan los misterios de gozo, de dolor, de gloria o de luz.
Si se reza el rosario en comunidad, tras los misterios viene la letanía, una lista de 65 invocaciones, la mayoría a la Virgen, con sus contestaciones: «Santa María»«Ruega por nosotros»; «Santa Madre de Dios»«Ruega por nosotros», etc.
Si se reza el rosario sólo, rezar la letanía tiene menos sentido (te estarías contestando a ti mismo), y entonces acabas de forma más sencilla, con una Salve o el Sub tuum praesidium, seguido de una breve jaculatoria: «Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo».
En ambos casos se acabo con una oración conclusiva. La más habitual es:
Los misterios
Hay 20 misterios, agrupados en 4 grupos de 5:
Distracciones
Uno de los problemas del rosario son las distracciones. Los labios van por un lado y la mente va por otro. Si alguien sabe como se vence a las distracciones, que me lo cuente, por favor. Yo me imagino a Abram espantando a los buitres que se cernían sobre su ofrendas (Génesis 15:10-11) y me veo como él, espantando a las distracciones que se ciernen sobre mi ofrenda. Se lucha, aunque no siempre se vence. Algunos consejos (que no siempre funcionan)
Si no tenéis un rosario, compráoslo. Son baratos. Y rezadlo cada día. Las mejorías en vuestra vida las notaréis pronto.
Cuando Sta. Bernardette tuvo la primera aparición de la Virgen, sacó su rosario y se puso a rezarlo y la Virgen la acompañó en el rezo. En muchas apariciones la Virgen ha pedido que se rece el rosario. Dice que es su oración favorita. El Padre Pío (y otros) han llamado al rosario su arma contra el mal (o contra el demonio). Todos los que rezamos el rosario con asiduidad notamos un cambio en nuestro interior.
De niño mis padres nos hicieron rezar el rosario en familia algunas veces. Lo odiaba (y mis hermanas también). Supongo que por eso dejaron de hacerlo. Yo volví a retomar el rezo del rosario en una visita a Lourdes hace unos dos años. Lo rezo todos los días y se han vuelto las tornas: me gusta rezarlo con mi madre siempre que puedo.
Cómo se reza
El rosario puede empezar con una “entrada”. He visto diferentes versiones. Yo empiezo con un acto de contrición o un credo, un padre nuestro, tres avemarías y un gloria. También se puede omitir y empezar con el primer misterio, pero me parece una forma un poco brusca de empezar, sin algo de preparación.
Tras la entrada se rezan cinco misterios y para cada uno se enuncia el misterio, se reza un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria y tras el Gloria se añade la jaculatoria “María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. Depende del día, se rezan los misterios de gozo, de dolor, de gloria o de luz.
Si se reza el rosario en comunidad, tras los misterios viene la letanía, una lista de 65 invocaciones, la mayoría a la Virgen, con sus contestaciones: «Santa María»«Ruega por nosotros»; «Santa Madre de Dios»«Ruega por nosotros», etc.
Si se reza el rosario sólo, rezar la letanía tiene menos sentido (te estarías contestando a ti mismo), y entonces acabas de forma más sencilla, con una Salve o el Sub tuum praesidium, seguido de una breve jaculatoria: «Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo».
En ambos casos se acabo con una oración conclusiva. La más habitual es:
«Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo Nuestro Señor.»Otra, más antigua es:
«Te rogamos Señor que infundas en nuestros corazones tu gracia, para que, así como por el anuncio del Ángel conocimos la encarnación de Jesucristo tu Hijo, así por su pasión y cruz seamos conducidos a la gloria de la resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.»Y a veces se acaba con 3 Ave Marías, una por las intenciones del Papa, otra para los Obispos y la tercera para los muertos.
Los misterios
Hay 20 misterios, agrupados en 4 grupos de 5:
- Los misterios gozosos, que se rezan los lunes y sábados
- Los misterios dolorosos, que se rezan en martes y viernes
- Los misterios gloriosos que se rezan en miércoles y domingo
- Los misterios luminosos que se rezan en jueves.
Estos últimos misterios los incorporó S. Juan Pablo II en el año 2002, en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (Rosario de la Virgen María).
Los cinco misterios gozosos son: 1.- La encarnación; 2.- La visita de la Virgen a Sta. Isabel; 3.- El nacimiento de Jesús; 4.- La presentación de Jesús en el templo; 5.- El Niño Jesús es perdido y hallado en el templo.
Los cinco misterios dolorosos son: 1.- La oración en el huerto de los Olivos; 2.- Jesús es apresado y azotado; 3.- La coronación de espinas; 4.- Jesús es cargado con la cruz; 5.- Jesús es clavado en la cruz.
Los cinco misterios gloriosos son: 1.- La Resurrección del Señor; 2.- La Ascensión del Señor; 3.- La venida del Espíritu Santo en Pentecostés; 4.- La Asunción de Nuestra Señora; 5.- La Virgen es coronada como Reina de los Cielos.
Los cinco misterios luminosos son: 1.- El bautismo del Señor; 2.- La autorevelación del Señor en las bodas de Caná; 3.- La predicación del Evangelio invitando a la conversión; 4.- La transfiguración; 5.- La institución de la Eucaristía en la Última Cena.
Cada rosario tiene así un enfoque propio. No es lo mismo rezarlo el lunes que el viernes que el domingo.
Distracciones
Uno de los problemas del rosario son las distracciones. Los labios van por un lado y la mente va por otro. Si alguien sabe como se vence a las distracciones, que me lo cuente, por favor. Yo me imagino a Abram espantando a los buitres que se cernían sobre su ofrendas (Génesis 15:10-11) y me veo como él, espantando a las distracciones que se ciernen sobre mi ofrenda. Se lucha, aunque no siempre se vence. Algunos consejos (que no siempre funcionan)
- Fíjate en las palabras, no recites de corrido. Entona.
- Ofrece cada misterio o cada Ave María por una intención. Así al menos te centras periódicamente
- Piensa en alguna imagen del misterio antes de empezar cada misterio o Ave María
- Si tienes una imagen de la Virgen, centra en ella tu mirada en ella y reza como si le hablaras
Y si tus pensamientos fluyen hacia temas religiosos o morales, déjalos ir. Pienso que el rosario los guía hacia Dios. Lo malo es que empiezas pensando en cómo liberarte de una tentación y acabas pensando en qué vas a comer para cenar.
Si no tenéis un rosario, compráoslo. Son baratos. Y rezadlo cada día. Las mejorías en vuestra vida las notaréis pronto.
miércoles, 17 de mayo de 2017
Compromiso de oración
(Esta es una versión reducida de mi entrada Compromiso de oración en el blog Acogiéndome a Sagrado)
Como católico, veo la sociedad y me asusto: moral casi inexistente, hipersexualidad, destrucción del concepto de familia, desplome de la natalidad, consideración del aborto como un derecho, imposición por ley de ideologías contrarias a la moral cristiana (siendo el LBGT el caso más claro), profanación de templos y símbolos cristianos, iglesias vacías, pobreza litúrgica. Incluso como ciudadano veo la corrupción, los ataques a la libertad de expresión (como al famoso autobús de Hazte Oír), el dinero y la economía como máximo criterio (y no me refiero sólo a los gobiernos: «ya tendré hijos cuando tenga la vida asentada»). O al presidente electo francés E. Macron diciendo que la cultura francesa no existe.
El origen de todos estos problemas es que hemos alejado a Dios de nuestra sociedad. Para resolverlos necesitamos oración, mucha oración. Sólo la oración puede salvar esta sociedad.
Oración continuada, permanente. No una «cruzada de oración» que dure unos días. No un rosario una vez a la semana o al mes. No una novena. Oración diaria de aquí hasta el día de nuestra muerte.
Tengo un convencimiento profundo, un convencimiento que no procede de mí, de que si todos los católicos practicantes nos comprometiésemos a rezar una hora al día todos los días, los problemas descritos disminuirían visiblemente en unos meses. Y si seguimos constantes en la oración, se reducirían a la nada y no volverían. No digo nada nuevo. Sta. Teresa ya decía «Almas orad, orad, orad, porque todo lo puede la oración.»
Y eso busco: gente que se comprometa a rezar una hora al día, todos los días, para siempre, para salvar a esta sociedad (y a sí mismos). Comprométete ante Dios a rezar una hora al día todos los días.
Escríbelo. En un papel o en los comentarios de esta entrada. Ahí va mi compromiso público:
«Yo, José Miró Julià, me comprometo ante Dios y ante mis hermanos a rezar al menos una hora al día hasta el fin de mis días, para la salvación de la sociedad y de las almas del mundo.»
Repite el compromiso cada semana. Hazlo público si lo crees conveniente. Díselo a otros.
La oración nos salvará. Individualmente y colectivamente.
Estoy aquí para ayudar, y estoy seguro que no soy el único dispuesto a hacerlo. Escribid vuestro compromiso, mandad vuestros testimonios, proponed vuestras oraciones, exponed vuestras dudas, describid vuestros problemas. Usad los comentarios del blog o Twitter (@joe_miro). Cuantos más seamos, mejor. Estas cosas no suman: se multiplican.
Como católico, veo la sociedad y me asusto: moral casi inexistente, hipersexualidad, destrucción del concepto de familia, desplome de la natalidad, consideración del aborto como un derecho, imposición por ley de ideologías contrarias a la moral cristiana (siendo el LBGT el caso más claro), profanación de templos y símbolos cristianos, iglesias vacías, pobreza litúrgica. Incluso como ciudadano veo la corrupción, los ataques a la libertad de expresión (como al famoso autobús de Hazte Oír), el dinero y la economía como máximo criterio (y no me refiero sólo a los gobiernos: «ya tendré hijos cuando tenga la vida asentada»). O al presidente electo francés E. Macron diciendo que la cultura francesa no existe.
El origen de todos estos problemas es que hemos alejado a Dios de nuestra sociedad. Para resolverlos necesitamos oración, mucha oración. Sólo la oración puede salvar esta sociedad.
Oración continuada, permanente. No una «cruzada de oración» que dure unos días. No un rosario una vez a la semana o al mes. No una novena. Oración diaria de aquí hasta el día de nuestra muerte.
Tengo un convencimiento profundo, un convencimiento que no procede de mí, de que si todos los católicos practicantes nos comprometiésemos a rezar una hora al día todos los días, los problemas descritos disminuirían visiblemente en unos meses. Y si seguimos constantes en la oración, se reducirían a la nada y no volverían. No digo nada nuevo. Sta. Teresa ya decía «Almas orad, orad, orad, porque todo lo puede la oración.»
Y eso busco: gente que se comprometa a rezar una hora al día, todos los días, para siempre, para salvar a esta sociedad (y a sí mismos). Comprométete ante Dios a rezar una hora al día todos los días.
Escríbelo. En un papel o en los comentarios de esta entrada. Ahí va mi compromiso público:
«Yo, José Miró Julià, me comprometo ante Dios y ante mis hermanos a rezar al menos una hora al día hasta el fin de mis días, para la salvación de la sociedad y de las almas del mundo.»
Repite el compromiso cada semana. Hazlo público si lo crees conveniente. Díselo a otros.
La oración nos salvará. Individualmente y colectivamente.
Estoy aquí para ayudar, y estoy seguro que no soy el único dispuesto a hacerlo. Escribid vuestro compromiso, mandad vuestros testimonios, proponed vuestras oraciones, exponed vuestras dudas, describid vuestros problemas. Usad los comentarios del blog o Twitter (@joe_miro). Cuantos más seamos, mejor. Estas cosas no suman: se multiplican.
martes, 2 de mayo de 2017
Magnificat
Empezamos mayo, uno de los momentos fuertes de devoción a la Virgen (el otro es Adviento). La primera entrada del mes debe ser una oración a la Virgen, ¿pero cuál? El final me he decidido por el Magnificat. El canto está recogido en el evangelio de S. Lucas, capítulo 1: 46-55. Es la respuesta de María a su prima Sta. Isabel cuando la bendice. Es, pues, la primera oración mariana que tenemos.
Es la única oración y el único "discurso" que conocemos de la Virgen. En el resto de los Evangelios apenas mencionan alguna frase y nunca toma protagonismo. Incluso en la Anunciación dice «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Su palabra», cediendo el protagonismo a Dios.
El nombre de la oración proviene de la primera palabra en latín: «Magnificat ánima mea Dóminum»: «Proclama mi alma la grandeza del Señor». Es un canto de alegría: María exulta por todo lo que el Señor hace por ella.
El Magnificat se reza todas las tardes en las vísperas de la Liturgia de las Horas. Y como pasa tantas veces, me parece mucho más bonito en latín.
Magnificat
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
Porque ha mirado la humillación de su esclava
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles
De generación en generación
El hace proezas con su brazo
Dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos
Y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
Y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
Acordándose de su misericordia,
Como lo había prometido a nuestros padres,
En favor Abraham y su descendencia por siempre
Magnificat
Es la única oración y el único "discurso" que conocemos de la Virgen. En el resto de los Evangelios apenas mencionan alguna frase y nunca toma protagonismo. Incluso en la Anunciación dice «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Su palabra», cediendo el protagonismo a Dios.
El nombre de la oración proviene de la primera palabra en latín: «Magnificat ánima mea Dóminum»: «Proclama mi alma la grandeza del Señor». Es un canto de alegría: María exulta por todo lo que el Señor hace por ella.
El Magnificat se reza todas las tardes en las vísperas de la Liturgia de las Horas. Y como pasa tantas veces, me parece mucho más bonito en latín.
Magnificat
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
Porque ha mirado la humillación de su esclava
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles
De generación en generación
El hace proezas con su brazo
Dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos
Y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes
Y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
Acordándose de su misericordia,
Como lo había prometido a nuestros padres,
En favor Abraham y su descendencia por siempre
Magnificat
Magnificat ánima mea Dóminum
Et exultavit spíritus meus in Deo, salutare meo,
quia respexit humilitatem ancillae suae.
Ecce enim et hoc beatam me dicent omnes generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
Et sanctum nomen eius, et misericordia eius
ad progénie in progénies timéntibus eum.
Fecit potentiam in brachio suo
Dispersit superbos mentis cordis sui,
Depósuit potentes de sede
Et exaltavit húmiles
Esurientes implevit bonis
Et dívites dimisit inanes
Suscepit Israel puerum suum
Recordatus misericordiae suae
Sicut locutus est ad patres nostros
Abraham et sémini eius in saécula.
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