jueves, 18 de julio de 2019

Gloria

Cuando he sentido un enorme júbilo me he encontrado a menudo cantando el Gloria.  Es la oración más alegre de la misa. Quizá es porque lo asocio al repique de campanas cuando se reza en la Vigilia Pascual, no lo sé. Es una oración de jubilosa alabanza a Dios.

Es muy antigua, de los inicios mismos de la Iglesia. Por ejemplo se conoce una versión del S. III y seguramente no es la primera. Quizá es por su edad y por las múltiples versiones por lo que tiene una estructura un poco rara. Además, el ritmo con el que lo rezamos en misa no coincide con la estructura gramatical, con lo que parece que ni siquiera tiene frases claras. Buscando en mis libros y por Internet he encontrado variaciones de puntuación que ahonda en esta sensación de contener frases desestructuradas. He mirado con cuidado la versión en latín (que adjunto) y he puntuado de la manera que creo da más sentido a la oración. Sólo son cuatro frases, dirigidas a cuatro personas diferentes.

La primera son las palabras de los ángeles a los pastores cuando anunciaron el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.  Sigue con una de alabanza al Padre. A continuación hay otra de petición de misericordia dirigida al Hijo y finalmente volvemos a una alabanza, esta vez a la Trinidad.

Esta oración se presta a ser cantada y hay muchísimas versiones de tradicionales a modernas. He enlazado el Gloria gregoriano de la preciosa Missa de Angelis, que en tiempos de mis padres se cantaba muy a menudo y todos lo sabían cantar y ahora, desgraciadamente, no se oye nunca. Espero que os guste.


Gloria
Gloria a Dios en el cielo
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros.

Porque solo Tú eres Santo, solo Tú, Señor,
solo Tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre.
Amén.


Gloria in excelsis Deo
Gloria in excelsis Deo
et in terra pax homínibus bonæ voluntatis.

Laudamus te, benedícimus te,
adoramus te, glorificamus te,
gratias ágimus tibi
propter magnam gloriam tuam,
Dómine Deus, Rex cælestis, Deus Pater omnípotens.

Dómine Fili unigénite Iesu Christe,
dómine Deus, Agnus Dei, Filius Patris,
qui tollis pecata mundi, miserere nobis;
qui tollis pecata mundi, súscipe deprecationem nostram;
qui sedes ad déxteram patris, miserere nobis.

Quoniam Tu solus Sanctus, Tu solus Dóminus,
Tu solus Altíssimus, Iesu Christe,
cum Sancto Spíritu in gloria Dei Patris.
Amén.



lunes, 8 de julio de 2019

Novena a la Santísima Virgen

Hoy empieza la novena de la Virgen del Carmen. Pero más que escribir una entrada para la novena específica para esta fiesta, he decidido escribir una para una novena a la Santísima Virgen, que puede usarse para cualquiera de sus fiestas. Naturalmente, uno puede preferir rezar una específica: hay muchísimas en Internet, incluyendo una muy completa, con meditaciones diarias, en la web de los carmelitas.

Esta novena que escribo es muy bonita, cada día se usa una oración a la virgen de un santo concreto: S. Bernardo, Sto. Tomás, S. Atanasio, etc. Son oraciones que pueden usarse en sí mismas, y que juntas hacen una novena espléndida. He añadido la versión en latín de la oración inicial y final: el Diablo odia el latín, hagámosle rabiar.

Una última cuestión: ¿cuándo empieza una novena? Por lo que he visto, algunos opinan que debe rezarse los nueve días anteriores a la fiesta en cuestión, acabando la novena el día anterior a la fiesta. En este caso, la novena del Carmen debería rezarse entre el 7 y el 15 de julio. Otros, veo, rezan la novena acabando el día mismo de la fiesta, para el Carmen, entre el 8 y el 16 de julio. No he visto una  entrada con autoridad que muestre que deba ser de una manera u otra (tampoco he buscado mucho) y el hecho que en todas partes pongan “primer día”, “segundo día” y no “7 de julio”, “8 de julio”, etc. me inclina a pensar que no es demasiado importante.

Novena de la Santísima Virgen

Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición (Señor mío Jesucristo, etc.)

Oración de San Bernardo para empezar todos los días: 
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que ha acudido a vuestra protección
implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro
haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y, gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh, Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas
antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén

Memorare, O piisima Virgo Maria,
non esse auditum a sæculo
quemquam ad tua currentem præsidia,
tuam implorantem auxilia, tua petentem suffragia,
esse derelictum.
Ego tali animatus confidentia,
ad te, Virgo Virginum, Mater,
curro, ad te venio, coram te gemens peccator assisto.
Noli, Mater Verbi, verba mea despicere,
sed audi propitia et exaudi.
Amen.

Oración de Sto. Tomás para el primer día:
Concededme, oh Reina del cielo,
que nunca se aparten de mi corazón el temor y el amor de tu Hijo santísimo; 
que por todos los beneficios recibidos, no por mis méritos, sino por la largueza de su piedad,
no cese de alabarle con humildes acciones de gracias;
que a las innumerables culpas cometidas suceda una leal y sincera confesión
y un firmísimo y doloroso arrepentimiento
y, finalmente, que logre merecer su gracia y su misericordia.
Suplico también, oh puerta del cielo y abogada de pecadores,
no consientas que jamás se aparte ni desvíe este siervo tuyo de la fe,
pero particularmente que en la hora postrera me mantenga con ella abrazado;
si el enemigo forzare sus astucias, no me abandone tu misericordia y tu gran piedad.
Por la confianza que tengo en ti puesta,
alcánzame de tu santísimo Hijo el perdón de todos mis pecados
y que viva y muera gustando las delicias de tu santo amor. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración de S. Atanasio para el segundo día:
Propio es de ti, Señora, que siendo tú, al mismo tiempo que esclava del Señor,
Madre de Dios, Reina y Señora, pues Dios quiso también ser Hijo tuyo,
no apartes de nosotros tu memoria,
habiendo de presentarnos ante el soberano e inexorable Juez, que, si a nosotros nos infunde pavor,
es para contigo sobremanera amable y te otorga cuantas gracias le pides,
pues eres llamada llena de gracia y de alegría, por haber sobrevenido en ti el Espíritu Santo.
Por esto, aún los ricos de la nación, los más favorecidos en justicia y santidad,
claman a ti e invocan tu protección.
No nos cierres las puertas de tu pecho
y deja que fluya sobre nosotros el mar de gracias que encierra. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración de S. Anselmo para el tercer día:
No son para contar, Reina clementísima, los que, habiendo invocado tu nombre,
han conseguido la eterna salvación;
¿y quieres que, invocándote yo, sea defraudado en mis esperanzas?
Tal vez no oyes mis clamores en razón de mi gran maldad;
pero, aún así, no dejaré de llamarte y de decirte con toda el alma:
Pues eres tan noble y benigna de condición, da oído a quién humildemente llama a tus puertas
y no le desatiendas en sus esperanzas, ni le abandones en su tribulación,
ni le dejes sin una palabra de perdón en medio de su pecado.
Sana con tus celestiales medicinas las profundas heridas en mi alma abiertas,
desátame de los carnales lazos que me aprisionan en la tierra
y abrígame siquiera con un jirón del espléndido manto de tu gloria. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración antigua para el cuarto día:
Ven, oh gloriosa Virgen María, ven y visítanos.
Ilumina nuestras almas dolientes y danos el vivir santamente.
Ven, salud del mundo, a lavar tantas manchas que nos afean,
a disipar tantas tinieblas que nos envuelven.
Ven, Señora de los pueblos, y apaga estas llamas de concupiscencia que nos abrasan;
arrójanos el manto de tu pureza y señala el seguro camino que nos ha de llevar a puerto.
Ven a visitar a los enfermos, a fortalecer a los débiles,
a dar firmeza a los que fluctúan entre mares de dudas.
Ven, estrella, luz de los mares, e infúndenos paz, gozo y devoción.
Ven, oh cetro de reyes, poderío de las naciones
y vuelve al seno de la fe, al amor y vida de su unidad
a las muchedumbres extraviadas que no conocen lo que conviene a su salud.
Ven, trayéndonos en tus manos los dones de tu casto, eterno esposo, el Espíritu Santo,
para que vivamos por su lumbre y calor
y sean nuestro sustento aquellos frutos eternos que nos han de merecer entrar
en la unidad de la vida bienaventurada. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración de S. Sofronio para el quinto día:
Amansa, oh piadosa Madre, las olas de tristeza y de congoja que combaten mi corazón;
apaga las llamas enemigas que me cercan;
embota los dardos que manos crueles vienen arrojando contra mi alma,
amenazando atravesarla y envenenarla y metiendo en ella la muerte.
Oh alegría bienaventurada, oh paz, oh serenidad de los que te invocan,
oh escudo y fortaleza de tus fieles servidores,
ven y tiende tu mano sobre las llagas recibidas y sobre las angustias que me atormentan.
Da suavidad y paz a mi entendimiento,
para que mi lengua engrandezca siempre la alteza de la merced recibida.
Devuélvenos en lluvias de gracias las alabanzas que te dirigimos;
abre ese manantial de gracias que por nosotros quiso encerrarse en ti
y no vivamos ya entre noches, incertidumbres y temores;
a ti seremos deudores de mercedes que jamás labios humanos podrán agradecer ni ponderar.
Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración de S. Ildefonso para el sexto día:
Oh clementísima Virgen que con mano piadosa repartes vida a los muertos,
salud a los enfermos, luz a los ciegos, solaz a los desesperados y consuelo a los que lloran.
Saca de los tesoros de tu misericordia refrigerio para mi ánimo quebrantado,
alegría para mi entendimiento y llamas de caridad para mi durísimo pecho.
Sé vida y salud de mi alma, dulzura y paz de mi corazón y suavidad y regocijo de mi espíritu.
Y, pues, tú eres estrella clarísima del mar, Madre llena de compasión,
endereza mis pasos, defiéndeme de riesgos de enemigos,
hasta aquella postrera y suspirada hora en la cual, asistido de tu auxilio,
enriquecido con tu gracia, vencidas las enemistades del infernal dragón,
salga de este mundo para los eternos y seguros gozos de la vida bienaventurada. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración de S. Juan Damasceno para el séptimo día:
Nadie está en el cielo más cerca de la Divinidad simplicísima que tú,
que tienes asiento sobre la cumbre de los querubines y sobre todos los ejércitos de los serafines,
y por esto no es posible que tu intercesión sufra repulsa, ni que sean desatendidos tus ruegos.
No nos falte tu auxilio mientras vivamos en este mundo perecedero;
alárganos tu mano, para que, obrando las obras de salud y huyendo de los caminos del mal,
demos seguro el paso de la eternidad.
Por ti esperamos que, al cerrar a este destierro los ojos de la carne, se abrirán los del alma
para anegarse en aquel piélago de soberana hermosura, de suavísimos deleites,
por el cual ansiosamente suspiran las almas regeneradas
y que nos anunció y mereció Cristo Señor nuestro haciéndonos ricos y salvos.
A Él por ti, Señora, rendimos gloria y alabanza, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración de S. Efrén para el octavo día:
Oh Virgen purísima, Madre de Dios, Reina de todo lo creado,
levantada sobre todos los cortesanos del cielo y más resplandeciente y pura que los rayos del sol:
tú eres más gloriosa que los querubines, más santa que los serafines
y sin comparación más sublime y aventajada que todos los ejércitos del cielo.
Tú eres la esperanza de los patriarcas, la gloria de los profetas, la alabanza de los apóstoles,
honra de los mártires, alegría de los santos, ornamento de las sagradas jerarquías,
corona de las vírgenes, inaccesible por tu inmensa claridad,
princesa y guía de todos y doncella sacratísima;
por ti somos reconciliados con Cristo mi Señor.
Guárdame debajo de tus alas; y apiádate de mi que estoy sucio con mis pasiones
y manchado con los innumerables males que he cometido contra mi Juez y Creador.
No tengo otra confianza sino en ti, que eres el áncora de mi esperanza,
el puerto de mi salud y socorro oportuno en la tribulación. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

––––––––––––

Oración de S. Germán para el noveno día:
Ninguno se salva sino por ti, oh Virgen Santísima.
Ninguno se libra de males sino por ti, oh Virgen purísima.
Ninguno recibe gracias de Dios sino por ti, oh Virgen castísima.
Ninguno recibe misericordia sino por ti, oh Virgen venerabilísima.
¿Quién, después de tu bendito Hijo, tiene tanto cuidado del linaje humano como tú?
¿Quién así nos defiende en nuestras tribulaciones?
¿Quién tan presto nos socorre y nos libra de las tentaciones que nos acosan y persiguen?
Quién, con sus piadosos ruegos, intercede por los pecadores
y los libra de las penas que por sus pecados merecen?
Por esto recurrimos a ti, oh purísima y dignísima de toda alabanza y de todo obsequio.

Haz, que por medio de tus oraciones, que tanto pueden con el Señor,
las cosas eclesiásticas sean bien gobernadas y tú misma las conduzcas a puerto seguro.
Viste ricamente a los sacerdotes de justicia y de la gloria de la fe probada, inmaculada y sincera.
Dirige en estado próspero y tranquilo los cetros de los soberanos cristianos.
Sé, en tiempo de guerra, la protección del ejercito, que siempre milita bajo tu amparo,
y confirma al pueblo, para que conforme Dios lo tiene mandado,
persevere en el obsequio suave de la obediencia.
Sé el muro inexpugnable de este pueblo que te tiene a ti
como torre de refugio y cimiento que le sostiene.
Preserva la habitación de Dios y el decoro del templo de todo mal;
libra a cuantos te alaban, da redención a los cautivos
y sé refugio para el peregrino y consuelo para el desamparado.
Extiende, por fin, a todo el orbe tu mano auxiliadora, para que,
así como celebramos con alegría esta festividad, celebremos también
todas las demás que te dedicamos, en Cristo Jesus,
Rey de todas las cosas y verdadero Dios nuestro;
a quien sea la gloria y la fortaleza, junto con el Padre Eterno, que es principio de la vida,
y con el Espíritu coeterno, consubstancial, y que reina con los dos,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Oración final:
¡Oh santísima Señora, excelentísima Madre de Dios y piadosísima Madre de los hombres!
Después de Dios tú eres la única esperanza de los pecadores y la mayor confianza de los justos.
La Iglesia te llama vida, dulzura y esperanza nuestra,
y todos los pueblos ponen en ti sus ojos, esperando de ti todas la gracias.
Nosotros también, dulce abogada, acudimos a ti en estos días,
instándote a que nos oigas y concedas las gracias que te pedimos.
Danos, en primer lugar, un amor sincero a tu divino Hijo, observando su santa ley cristiana;
alcánzanos también la salud del cuerpo y la serenidad del espíritu,
la paz en la familia y la suficiencia de medios para la vida;
concédenos, al fin, una santa muerte en la Santa Iglesia Católica.

¡Oh Virgen, que superas toda alabanza!
Todo lo que tú quieres lo puedes ante Dios, de quien eres Madre;
y aún cuando nosotros somos pecadores,
tú eres dulce Madre del Redentor y dulce Madre nuestra
y puedes abogar por tus hijos pequeños y pecadores ante tu Hijo altísimo y redentor;
a tu nombre se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros de la divina misericordia;
óyenos, oh plácida Virgen y Madre y, si nos conviene,
concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

La petición

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los pusilánimes, reanima a los que lloran, ora por el pueblo, intervén por el clero, intercede por las mujeres consagradas, sientan tu auxilio todos los que celebran tu santa festividad.
– Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
– Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sancta Maria, succurre miseris, iuva pusillanimes, refove flebiles, ora pro populo, interveni pro clero, interecede pro devoto femineo sexu, sentiant omnes tuum iuvamen, quicumque celebrant tuam sanctam festivitatem.
– Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix
– Ut digni efficiamur promissionibus Christi

Oremus: Concede nos famulos tuos, quæsumus Domine Deus, perpetua mentis et corporis sanitate gaudere: et gloriosa beatæ Mariæ semper Virginis intercessione, a præsenti liberari tristitia, et æterna perfrui lætitia. Per Christum Dominum nostrum. Amen.


lunes, 13 de mayo de 2019

Oración a la Virgen de Fátima

Esta es la oración a la Virgen de Fátima que rezó el Papa Francisco con los fieles  en la víspera del centenario de la primera aparición, el 12 de mayo de 2017. Fue el rezo tras el rosario. Es una larga y bonita canción-oración, con estribillo, que es muy adecuada hoy, día de la Virgen de Fátima.


A la Virgen de Fátima
Papa Francisco

¡Salve, Reina, bienaventurada Virgen de Fátima, Señora del Corazón Inmaculado, refugio y camino que conduce a Dios!
Peregrino de la Luz que procede de tus manos, doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre; peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar, alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos; peregrino de la esperanza que el Espíritu anima, vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve Madre de Misericordia, Señora de la blanca túnica!
En este lugar, desde el que hace cien años manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios, miro tu túnica de luz y, como obispo vestido de blanco, tengo presentes a todos aquellos que, vestidos con la blancura bautismal, quieren vivir en Dios y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve vida y dulzura, salve esperanza nuestra, oh Virgen peregrina, oh Reina universal!
Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, mira los gozos del ser humano cuando peregrina hacia la Patria Celeste. Desde lo más profundo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, mira los dolores de la familia humana que gime y llora en este valle de lágrimas.
Desde lo más íntimo de tu ser, desde tu Inmaculado Corazón, adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.
Con tu sonrisa virginal, acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo. Con tu mirada de dulzura fortalece la esperanza de los hijos de Dios. Con tus manos orantes que elevas al Señor, une a todos en la única familia humana.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Oh piadosa, oh clemente, oh dulce Virgen María, Reina de Rosario de Fátima!
Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta, y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.
Recorremos, así, todas la rutas, seremos peregrinos de todos los caminos, derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras, yendo a todas las periferias, para revelar allí la justicia y la paz de Dios.
Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco, de un candor blanqueado en la Sangre del Cordero, derramada también hoy en todas la guerras que destruyen el mundo en que vivimos.
Y así seremos como tú, imagen de la columna refulgente que ilumina los caminos del mundo, manifestando a todos que Dios existe, que Dios está, que Dios habita en medio de su pueblo ayer, hoy, y por toda la eternidad.

Ave o clemens, ave o pia! Salve Regina Rosarii Fatimæ. Ave o clemens, ave o pia! Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve, Madre del Señor, Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres, eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual, eres el orgullo de nuestro pueblo, eres el triunfo frente a los ataques del mal.
Profecía del amor misericordioso del Padre, maestra del anuncio de la Buena Noticia del Hijo, signo del fuego ardiente del Espíritu santo, enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores, las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.
Muéstranos la fuerza de tu manto protector. En tu Corazón Inmaculado, sé el refugio de los pecadores y el camino que conduce a Dios.
Unido a mis hermanos en la fe, la esperanza y el amor, me entrego a ti. Unido a mis hermanos, por ti me consagro a Dios, oh Virgen del Rosario de Fátima.
Y cuando al final me vea envuelto por la Luz que nos viene de tus manos, daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.
Amén.

martes, 16 de abril de 2019

Hora Santa

El Jueves Santo por la noche se realiza la Hora Santa, en la que se rememora la Agonía en el Huerto de los Olivos.  Esta es el guión de la Hora Santa que vamos a celebrar en la parroquia de la Virgen del Carmen en la barriada del Coll d'en Rebassa, Palma de Mallorca.

Hora Santa
Jueves Santo, 2019

Introducción

En esta Hora Santa rememoramos, revivimos, la agonia de Nuestro Señor Jesucristo en el huerto de Getsemaní.  Entonces Jesús pidió a sus discípulos que lo acompañaran y que velaran con Él.  Hoy nos pide a nosotros lo mismo: que estemos con Él en esta hora de dolor, velando una hora.  Simplemente estando aquí ya cumplimos esta importante misión.

Pero podemos aprovechar esta hora para contemplar la agonía de Nuestro Señor, para entender mejor lo que sufrió y por qué lo sufrió; para entender mejor lo que significó su juicio, pasión y muerte.  Esta hora de contemplación y reflexión nos ayudará a vivir mejor esta Pascua, a vivir mejor nuestra vida y a avanzar en el camino de la salvación de nuestras almas.

La estructura de esta Hora Santa está resumida en las hojas que hemos entregado.  Leeremos cuatro fragmentos de las Escrituras y de otros textos.  Cada una será seguida de un breve salmo o canto, un rato de silencio y una breve oración.  El rato de silencio lo podemos aprovechar para contemplar al Señor, reflexionar sobre lo leído o hacer cualquier tipo de oración que queramos.  El tiempo de silencio será aproximadamente el del rezo de un misterio del rosario.

Tras las cuatro lecturas con sus cantos y silencio habrá unas preces y una oración final.

Primera lectura: Mc 14, 32--41
Tras la cena llegan a un lugar llamado Getsemaní.  Y les dice a sus discípulos: sentaos aquí, mientras hago oración.  Y se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan y comenzó a afligirse y a sentir angustia.  Y les dice: «Mi alma está triste hasta la muerte.  Quedaos aquí y velad».  Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, se alejase de él aquella hora.  Decía: «¡Abbá, Padre!  Todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».  Vuelve y los encuentra dormidos y le dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?  ¿No has sido capaz de velar una hora?  Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil».  De nuevo se apartó y oró diciendo las mismas palabras.  Al volver los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.  Vuelve por tercera vez y les dice: «¿Aún podéis dormir y descansar…?  Se acabó; llegó la hora.  Mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.  Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar».
Salmo 130.
Respondemos Mi alma aguarda al Señor, como el centinela a la aurora. 

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela  a la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

(Unos minutos de silencio)

Oremos: Oh Dios, que amas sin límite y devuelves la inocencia, atrae hacia ti los corazones de tus siervos para que, a pesar de nuestra debilidad, llenos del fervor de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y eficaces en las obras.  Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo.

Segunda lectura: Jn 3, 11--2
Nuestro Señor dijo a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio.  Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales?  Pues nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre.  Igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él.  Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.  Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.  El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios.  Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen.  Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios».
Canto: Cristo, recuérdame

Cristo, recuérdame
cuando llegues a tu reino.

(Unos minutos de silencio)

Oremos: Te pedimos, Señor Dios nuestro, que, con tu ayuda, avancemos animosamente hacia aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo.  Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo.

Tercera lectura: de Vida de Cristo, del Venerable  Fulton Sheen, cap. 41
Es bastante probable que la Agonía en el Jardín le costara a Nuestro Señor Jesucristo mucho más sufrimiento que incluso el dolor físico de la Crucifixión y quizá empujara a su alma a regiones de mayor oscuridad que cualquier otro momento de la Pasión, tal vez con la excepción de aquel en la Cruz en la que gritó «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Este fue el momento en el que Nuestro Señor, en obediencia a la voluntad del Padre, tomó sobre sí las iniquidades del mundo entero y cargó con los pecados.  Sintió la agonía y la tortura de aquellos que niegan su culpa, o que pecan con impunidad y no hacen penitencia alguna.  Era el preludio de la espantosa deserción que tuvo que resistir y en el que Él pagó a la justicia de su Padre la deuda que habíamos contraído nosotros: el ser tratado como pecador.  Fue aniquilado como un pecador, Él que no tenía pecado.  Esto es lo que provocó su agonía, la mayor que haya visto el mundo.
Del cuarto canto del siervo (Is. 53: 4--7, 11--12)
Respondemos Él cargó con nuestros pecados.

Mi siervo soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado
pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones
triturado por nuestros crímenes.

Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino
y el Señor cargó sobre Él todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca:
como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador
enmudecía y no abría la boca.

Mi siervo, justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores
Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

(Unos minutos de silencio)

Oremos: Perdona las culpas de tu pueblo, Señor, y que tu amor infinito, que te llevó a tu agonía y tu muerte, nos libren de las ataduras del pecado, que hemos cometido a causa de nuestra debilidad.

Cuarta lectura: Jn 18, 1--12
Dicho esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el que entraron él y sus discípulos.  Judas, el que le iba a entregar, conocía el lugar, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos.  Entonces Judas se llevó con él a la cohorte y a los servidores de los príncipes de los sacerdotes y de los fariseos, y llegaron allí con linternas, antorchas y armas.  Jesús, que sabía todo lo que le iba a ocurrir, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscáis?» Respondieron «A Jesús el Nazareno».  Jesús les contestó: «Yo soy».  Judas, el que le iba a entregar, estaba con ellos.  Cuando les dijo: «Yo soy», se echaron hacia atrás y cayeron en tierra.  Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Respondieron «A Jesús el Nazareno».  Jesús contestó: «Os he dicho que yo soy; si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos».  Así se cumplió la palabra que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».  Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó, hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.  El criado se llamaba Malco.  Jesús le dijo a Pedro: «Envaina tu espada.  ¿Acaso no voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?» Entonces la cohorte, el tribuno y los servidores de los judíos prendieron a Jesús y le ataron.
Canto: In manus tuas, Pater.

In manus tuas, Pater,
comendo spíritum meum

(Unos minutos de silencio)

Oremos: Oh, Dios, que para librarnos del peso de nuestros pecados, quisiste que tu Hijo soportase por nosotros el suplicio de la cruz, concédenos acompañarle con fervor en el camino de su Pasión para alcanzar así la gracia de la resurrección.  Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo.

Preces

Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle diciendo  Señor, ten piedad de nosotros.

– Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión, para que consigamos la gloria de la resurrección. Oremos.

– Señor y Maestro nuestro, que por nosotros te sometiste incluso a la muerte, enséñanos a someternos siempre a la voluntad del Padre. Oremos.

– Tú, que siendo nuestra vida, quisiste morir en la cruz para destruir la muerte y todo su poder, haz que contigo sepamos morir también al pecado y resucitemos contigo a una vida nueva. Oremos.

– Rey nuestro, que como un gusano fuiste el desprecio del pueblo y la vergüenza de la gente, haz que tu Iglesia no se acobarde ante la humillación, sino que, como tú, proclame en toda circunstancia el 
honor del Padre. Oremos.

– Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los hermanos, enséñanos a amarnos mutuamente con un amor semejante al tuyo. Oremos.

– Tú, que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los hombres, reúne en tu reino a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo. Oremos.

Oración final
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste que nuestro Salvador se encarnase y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad, concédenos, propicio, aprender las enseñanzas de la Pasión y participar de la resurrección gloriosa.  Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo.


–––––––––––––

Los cantos:

Cristo, recuérdame.


In manus tuas, Pater


miércoles, 20 de marzo de 2019

Adopción espiritual de un niño no nacido

El aborto es posiblemente el mayor mal de este mundo. Millones de bebés con cara y ojos han sido descuartizados y tirados a la basura o usados como producto químico. Y esto se hace como si fuera lo más normal del mundo. Ante tamaña vileza lo primero que hemos de hacer es rezar.

Pero rezar por los millones de niños abortados puede vacío y abstracto. Mejor convertirlo en algo personal: adopta espiritualmente a un niño en peligro de ser abortado. Rezas por él durante nueve meses y así te conviertes en su padre espiritual. Durante vuestra vida en la tierra sólo Dios conocerá vuestra relación, pero después lo conocerás en el cielo.

La adopción espiritual de niños no nacidos fue iniciada o promovida por el Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen. Hay muchas páginas con más información, por ejemplo https://www.adopcionespiritual.org y http://rosarioporlavida.ning.com/profiles/blogs/adopcion-espirtual-de-un-bebe y

Sólo puedes adoptar un niño cada vez, pero puedes adoptar uno cada nueve meses si quieres. Hay quien usa la Solemnidad de la Anunciación para iniciar las oraciones, yo prefiero empezar unos días antes, por San José.

Formalmente, la adopción empieza con una promesa solemne:
Santísima María, Madre de Dios, todos los Ángeles y Santos: Llevado por el deseo de ayudar a la defensa de los niños no nacidos, me propongo firmemente y declaro, que desde el día… tomo en adopción espiritual un niño, cuyo nombre sólo a Dios es conocido, y por nueve meses, cada día, rezar por la salvación de su vida y por una vida justa y honesta tras su nacimiento.  Prometo:
- Rezar cada día la oración en intención del niño concebido
- Rezar cada día un misterio del S. Rosario.
- Cumplir otra penitencia voluntaria
La oración en intención del niño no concebido, que debe rezarse cada día, es la siguiente:
Señor Jesús: por mediación de Tu Madre María, que te dio a luz con amor, y por intercesión de San José, que se ocupó de Ti tras el nacimiento, te pido por ese niño no nacido que he adoptado espiritualmente, y que se encuentra en peligro de ser abortado.  Te pido que des a los padres de ese niño amor y valor para que le permitan vivir la vida que Tú mismo le has preparado. Amén.
 Y cuando el niño haya “nacido”, incorpóralo a las oraciones para tu familia.

lunes, 18 de marzo de 2019

Letanía de S. José

Mañana es S. José, Patrón de la Iglesia Universal. Debía ser un hombre de pocas palabras, en los Evangelios no se recoge ni una sola palabra dicha por él, pero también debió ser viril y firme, protector de la Virgen y protector del Niño. Para celebrar su fiesta os adjunto las letanías de S. José. Aconsejo detenerse sobre sus títulos. Entre otros: custodio de vírgenes, jefe de la Sagrada Familia, patrono de los moribundos, terror de los demonios, protector de la Santa Iglesia. Es un gran santo a quien acogerse en momentos de necesidad.

Aquí tenéis las letanías, en español y en latín. Llevan aparejadas una indulgencia de 300 días.

(Un detalle para los no acostumbrados a las letanías: Si rezan varios, hay uno que guía y el resto contesta a cada invocación lo que está en cursiva en la primera de la serie. Las cinco primeras invocaciones sólo se repiten si rezan varios. Si es uno solo, no hace falta.)

Letanía de la San José

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos

Dios, Padre celestial, – ten piedad de nosotros
Dios, Hijo redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Trinidad Santa, un solo Dios, – ten piedad de nosotros

Santa María, – ruega por nosotros
San José,
Ilustre descendiente de David,
Luz de los patriarcas,
Esposo de la Madre de Dios,
Custodio purísimo de la Virgen,
Nutricio del Hijo de Dios,
Diligente defensor de Cristo,
Jefe de la Sagrada Familia,
José justo,
José casto,
José prudente,
José fuerte,
José obediente,
José fiel,
Espejo de paciencia,
Amante de la pobreza,
Modelo de obreros,
Gloria de la vida doméstica,
Custodio de vírgenes,
Sostén de la familia,
Consuelo de los desdichados,
Esperanza de los enfermos,
Patrono de los moribundos,
Terror de los demonios,
Protector de la Santa Iglesia, – ruega por nosotros

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, – perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, – escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, – ten piedad de nosotros.

Lo nombró administrador de su casa – y señor de todas sus posesiones

Oración: ¡Oh, Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a S. José para esposo de tu Santísima Madre! Te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú que reinas por los siglos de los siglos. Amén.


En latín

Kyrie eleison – kyrie eleison
Christe eleison – Christe eleison
Kyrie eleison – kyrie eleison
Christe, audi nos – Christe, audi nos
Christe, exaudi nos – Christe, exaudi nos

Pare de cœlis, Deus – miserere nobis
Fili, Redemptor mundi, Deus,
Spiritu Sancte, Deus,
Sancta Trínitas, unus Deus,  – miserere nobis

Sancta Maria, – ora pro nobis
Sancte Ioseph,
Proles David ínclita,
Lumen patriarcharum,
Dei Genitricis sponse,
Custos pudice vírginis,
Fílii Dei nutricie,
Christi defensor sédule,
Almæ Familiæ Præses,
Ioseph iustíssime,
Ioseph castíssime,
Ioseph prudentíssime,
Ioseph fortíssime,
Ioseph obedientíssime,
Ioseph fidelíssime,
Spéculum patientiæ,
Amator paupertatis,
Exemplar opíficum,
Domesticæ vitæ decus,
Custos vírginum,
Familiarum cólumen,
Solatium miserorum,
Spes ægrotantium,
Patrone morientium,
Terror dæmonum,
Protector Sanctæ Ecclesiæ, – ora pro nobis

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, –  parce nobis Dómine
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, –  exaudi nos, Dómine
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, –  miserere nobis.

Constituit eum dóminum domus suæ – et príncipem omnis possesionis suæ

Oremus: Deus, qui ineffábili providentia beatum Ioseph sanctissimæ Genitricis tuæ sponsum elígere dignatus es: præsta quæsumus; ut quem protectorem veneramur in terris, intercessorem habere mereamur in cælis. Qui vivis et regnas in sæculam sæculorum. Amen.






sábado, 23 de febrero de 2019

Vuestra soy, para vos nací.

Estudié este poema de Sta. Teresa de Jesús en clase de literatura (en esos tiempos estudiábamos poesía y obras religiosas). Hace unos días, no sé por qué me acordé de algunas líneas y la busqué y reaprendí. Se parece en objetivo a la oración de Charles de Foucauld Padre, me pongo en tus manos.

Me sorprendió la estructura: una introducción, un recordatorio que somos de Dios pues nos ha creado, salvado, esperado; la aceptación de vivir para Dios, de ser criado de Dios; una enumeración de extremos que estamos dispuestos a aceptar si Dios nos lo da o nos lo pide: salud-enfermedad, alegría-tristeza, oración-sequedad, holganza-trabajo; se compara a momentos y personas de las Escrituras y finalmente acaba volviendo al inicio: que somos de Dios y queremos hacer lo que Él nos mande.

Estilísticamente, como es común en Sta. Teresa, hay una frase que se repite al final de cada estrofa. En este caso «¿Qué mandáis hacer de mi?».

Vuestra soy, para Vos nací
Sta. Teresa de Jesús

Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?

Soberana Majestad,
Eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un ser, bondad,
La gran vileza mirad
Que hoy os canta amor así.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, porque me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues me sufristes,
Vuestra, pues que me llamastes,
Vuestra, porque me esperastes,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
Que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
A este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, veisme aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón:
Yo le pongo en vuestra palma
mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición,
Dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte, dadme vida,
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz crecida,
Flaqueza o fuerza cumplida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración;
Si no, dadme sequedad.
Si abundancia y devoción
Y si no, esterilidad.
Soberana Majestad
Sólo hallo paz aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme, pues, sabiduría
O, por amor, ignorancia;
Dadme años de abundancia
O de hambre y carestía;
Dad tiniebla o claro día
Revolvedme aquí o allí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que esté holgando
Quiero por amor holgar;
Si me mandáis trabajar
Morir quiero trabajando.
Decid dónde, cómo y cuándo.
Decid, dulce Amor, decid.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme Calvario o Tabor,
Desierto o tierra abundosa,
Sea Job en el dolor
O Juan, que al pecho reposa.
Sea viña fructuosa
O estéril, si cumple así.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Sea José puesto en cadenas
O de Egipto adelantado;
O David, sufriendo penas,
O ya David encumbrado;
Sea Jonás anegado
O libertado de allí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Esté callando o hablando,
Haga fruto o no le haga,
Muéstreme la Ley mi llaga,
Goce de Evangelio blando,
Esté penando o gozando,
Sólo Vos en mí viví.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?