Siendo mañana el Jueves Santo, la oración de hoy ha de ser el Pange Lingua. Es una oración compuesta por Sto. Tomás de Aquino para la festividad del Corpus Christi (¡hay que ver lo buen creador de oraciones que era ese hombre1). Aunque la compuso para el Corpus, yo siempre lo he oído cantar durante la celebración del Jueves Santo, normalmente al ir a custodiar las formas consagradas tras la celebración.
A diferencia de otras oraciones, que se rezan generalmente en español aunque haya una versión en latín, esta oración sólo la he oído rezar en latín, casi siempre cantado. La versión clásica es la gregoriana, aunque hay una versión muy bonita de Mocedades, aunque no cantan la oración completa.
El nombre, Pange lingua, son las dos primeras palabras de la oración. Quiere decir «Canta, oh lengua». Les dejo la oración, la traducción la español y una versión cantada.
Pange lingua Sto. Tomás de Aquino
Pange, lingua, gloriosi
Corporis mysterium
Sanguinisque pretiosi
Quem in mundi pretium
Fructus ventris generosi
Rex effudit gentium
Nobis datus, nobis natus
Ex intacta virgine
Et in mundo conversatus
Sparso verbi semine.
Sui moras incolatus
Miro clausit ordine
In supremae noctae coenae
Recumbens cum fratribus
Observata lege pleanae
Cibis in legalibus
Cibum turbae duodenae
Se dat suis manibus
Verbum caro, panem verum
Verbo carnem efficit
Fitque Sanguis Christi merum.
Et, si sensus deficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides sufficit
Tantum ergo Sacramentum
Veneremur cernui:
Et antiquum documentum
Novo cedat ritui.
Praestet fides supplementum
Sensuum defectui
Genitori, genitoque
Laus et iubilatio
Salus, honor, virtus quoque
Sit et benedictio.
Procedenti ab utroque
Compar sit laudatio.
Amen.
Canta, oh lengua
Canta, oh lengua,
el misterio del glorioso cuerpo
y la gloriosa sangre
que el Rey de la Naciones,
Fruto de un vientre generoso,
Derramó en rescate del mundo.
Nos fue dado, nos fue nacido
De una virgen sin mancha.
Y después de pasar su vida en el mundo,
Una vez propagada la semilla de su palabra,
Terminó el tiempo de su residencia,
De un modo admirable
En la noche de la Última Cena,
Reclinado con sus hermanos,
Observada plenamente la ley,
En la comida de la Ley (la cena Pascual)
Se da con sus propias manos
Como comida para los doce.
El verbo encarnado, pan verdadero,
Lo convierte con su palabra en carne,
Y el vino se vuelve Sangre de Cristo.
Y si los sentidos fallan,
Para reafirmar el corazón sincero,
La sola fe basta.
Así pues, tan gran Sacramento
Veneremos postrados,
Y el Antiguo testamento
Cede paso al nuevo rito.
La fe preste auxilio
A la debilidad de los sentidos.
Al Progenitor y al Primogénito (al Padre y al Hijo)
Loas y cantos de júbilo,
Salud, Honor,
Fuerza y bendición.
Aquel que procede de ambos,
Tenga la misma alabanza.
Amén.
Como he contado en mi otro blog, soy adorador. Todos los viernes, de 9 a 10 de la noche, es mi turno en la Adoración Perpetua. Es una hora de contemplación y oración que se me hace cortísima. Tengo mi ritual de oraciones y la primera, mi saludo por así decirlo, es esta Oración al Santísimo Sacramento, de Sto. Tomás de Aquino. Tiene un estilo parecido a la Oración para antes de estudiar, que comenté en una entrada anterior.
Cada vez que lo rezo mi admiración por Sto. Tomás crece. Me asombra su precisión: cómo reconoce los aspectos importantes de la vida y reza por ellos. El trozo que más me gusta es cuando pide ser «obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin murmuración, humilde sin ficción, alegre sin disipación, maduro sin pesadumbre...» es decir, pide la virtud, pero la virtud pura, de alma, la virtud sin el defecto que tan fácilmente puedes tener si sólo la vives por fuera. Tanta precisión me hace pensar que todas estas debilidades y tentaciones las vivió. Que conoce íntimamente el alma débil. Que no nació santo ni consiguió su perfección sin esfuerzo.
Si quieres que Dios te dé la esencia de la perfección del alma, reza esta oración.
Oración al Santísimo Sacramento Sto. Tomas de Aquino
Oh, santísimo Jesús, que aquí eres verdaderamente Dios escondido: concédeme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente, en alabanza y gloria de tu nombre, todo lo que te agrada. Ordena, oh Dios mío, el estado de mi vida: concédeme que conozca lo que de mí quieres y que lo cumpla como es menester y conviene a mi alma. Dame, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce ni en estas me abata. De ninguna cosa tenga gozo ni pena, sino de los que lleva a ti o aparta de ti. A nadie desee agradar o tema desagradar sino a ti. Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin ti y no desee cosa alguna fuera de ti. Séame deleitoso, oh Señor, cualquier trabajo por ti y enojoso el descanso sin ti.
Dame, oh Dios mío, levantar a ti mi corazón, frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a tu servicio, hacer mis obras, no por rutina, sino refiriéndolas a ti con devoción.
Hazme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin murmuración, humilde sin ficción, alegre sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de ti sin desesperación, veraz sin doblez. Haz que practique el bien sin presunción, que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos.
Dame, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que por ningún pensamiento curioso se aparte de ti. Dame un corazón noble que por ninguna intención siniestra se desvíe. Dame un corazón firme que por ninguna tribulación se quebrante. Dame un corazón libre que ninguna pasión violenta le domine.
Otórgame, oh Señor Dios mío, entendimiento que te conozca, diligencia que te busque, sabiduría que te halle, comportamiento que te agrade, perseverancia que confiadamente te espere y esperanza que, finalmente, te abrace. Dame que me aflija aquí con tus penas por la penitencia, que en el camino de mi vida use de tus beneficios por gracia y en la patria goce de tus alegrías por gloria.
Señor, que vives y reinas, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Hay dos credos que se usan en misa. El de uso más habitual, al menos aquí en Mallorca, es el Credo de los Apóstoles. El otro, que es el que me enseñaron de niño, es le Credo Niceno-Constantinopolitano. Por lo que yo he mirado, éste es el que debería usarse en misa salvo excepciones, pero como he dicho, en Mallorca lo excepcional es que se rece.
El credo de los Apóstoles es más prosaico. Va al grano: creo en A, B, C D. El niceno es mucho más poético y bello. Por ejemplo cada domingo hecho de menos frases "Dios de Dios, luz de luz","Y su reino no tendrá fin" o "Señor y dador de vida".
El credo Niceno-Constatinopolitano fue escrito en el concilio de Nicea, en el año 325, y completado en el de Constantinopla, en el año 381. Aún se retocó alguna cosa, como la claúsula filioque de la que hablaremos más adelante, probablemente en el III Concilio de Toledo en el 589.
En el concilio de Nicea se debatió y consideró herejía el arrianismo: la idea de que Jesucristo no era Dios. De ahí se entiende que en el credo se cargara la parte donde se declara que Jesucristo es hijo único de Dios: "Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre."
Hay una frase del Credo Niceno que ha sido muy controvertida. Al hablar del Espíritu Santo dice "que procede del Padre y del Hijo" en latín "qui ex Patre Filioque procedit" ("filioque" quiere decir "y del hijo"). Los ortodoxos no aceptaban que el Espíritu Santo procediera del Hijo y esta es una de las causas del cisma con la Iglesia Ortodoxa. Por suerte ya no se considera una causa de separación (parece que la única que queda es la primacía del Papa), pero en las Iglesias Ortodoxas y las Católico-ortodoxas aún no se dice el "filioque" en el credo. En el credo de los Apóstoles sólo se dice "Creo en el Espíritu Santo". Ya os dije que era muy prosaico.
Os dejo con el Credo Niceno-Constantinopolitano en español, en latín y con la versión cantada más conocida: la de la Missa de Angelis (en latín)
Credo niceno-Constantinopolitano
Creo en un solo Dios Padre todopoderoso,
creador de cielo y tierra,
de todo lo visible e invisible.
Creo en un sólo Señor Jesucristo
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero.
Engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre
por quien todo fue hecho.
Que por nosotros los hombre y por nuestra salvación
bajó de los cielos y, por obra del Espíritu Santo,
se encarnó de la Virgen María y se hizo hombre.
Por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato.
Padeció y fue sepultado.
Y al tercer día resucitó de entre los muertos, según las Escrituras,
y subió al cielo.
Está sentado a la derecha del Padre
y de nuevo vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado,
y que habló por lo profetas.
Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero en la resurrección de los muertos
y en la vida del mundo futuro.
Amén.
Credo
Credo in unum Deum,
Patrem omnipotentem,
factorem caeli et terrae,
visibilium omnium et invisibilium.
Et in unum Dominum Iesum Christum,
Filium Dei unigenitum,
et ex Patre natum, ante omnia saecula.
Deum de Deo, lumen de lumine, Deum verum de Deo vero.
Genitum, non factum, consubstantialem Patri
per quem omnia facta sunt.
Qui propter nos homines et propter nostram salutem
descendit de caelis.
Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine,
et homo factus est.
Crucifixus etiam pro nobis,
sub Pontio Pilato passus et sepultus est.
Et resurrexit tertia die, secundum Scripturas.
Et ascendit in caelum,
sedet ad dexteram Patris.
Et iterum venturus est cum gloria iudicare vivos et mortuos:
cuius regni non erit finis.
Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem.
Qui ex Patri Filioque procedit,
qui cum Patri et Filio simul adoratur et conglorificatur;
qui locutus est per prophetas.
Et unam sanctam catholicam et apostolicam Ecclesiam.
Confiteor unum baptisma in remissionem pecatorum.
Et expecto resurrectionem mortuorum,
Et vitam venturi saeculi.
Amen.
«Cualquiera que sea la gracia que solicites a San José sin duda va a ser concedida, para creer sólo tienen que convencerse haciendo la prueba». Santa Teresa de Ávila Cuando yo era niño, el día de S. José era una fiesta grande. No teníamos colegio, ya empezaba hacer buen tiempo, íbamos a misa. Y S. José era un santo de peso. Después dejó de ser festivo y pareciera que S. José se hubiera quedado como un santo menor: la Virgen es la Madre de Jesús, S. José simplemente estaba ahí.
Es una lástima que la veneración a S. José haya caído. Hasta hace poco no lo supe: S. José es el patriarca de la Iglesia. Y su labor es de custodio: custodió a Jesús, la virginidad de María, el secreto de la concepción. Podemos pedir que nos custodie a nosotros también.
Por eso para la oración de hoy he estado buscando oraciones a S. José. He encontrado una que está en la carta encíclica de León XIII Quomquam pluries, precisamente sobre la devoción a S. José. Curiosamente no está en latín. En la web del Vaticano sólo está en italiano, español e inglés. Posiblemente el Papa la compuso en italiano.
Oración a S. José de León XIII A vos, bienaventurado S. José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de vuestra santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades. Proteged, ¡oh providentísimo Custodio de la divina Familia!, a la escogida descendencia de Jesucristo: apartad de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y de vicios. Asistidnos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defended la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad. Y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.
Esta es una breve oración que seguramente había visto muchas veces, pero que descubrí en el devocionario de mi abuelo. Después la he redescubierto en varios sitios: como rezo conclusivo del Rosario o del Ángelus o como antífona final de las completas. Es del año 250 y parece ser que es el himno más antiguo de la Virgen que se conserva. Se reza en la Iglesia copta, ortodoxa y católica.
Es una oración de petición de protección a la Virgen. Es una oración que me reconforta. Sobre todo las palabras iniciales "Bajo tu protección nos acogemos". Es muy breve y, como tantas otras, es más potente, entra más en el alma, si se reza en latín. En momentos de nervios y tribulación, es una inyección de calma instantánea.
Sub tuum praesidium Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genetrix; Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus; Sed a periculis cunctis liberanos semper, Virgo gloriosa et benedicta
Bajo tu protección
Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios;
No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades;
Antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita
Yo tengo una especial devoción al Espíritu Santo. Quizá es porque soy muy poco espiritual y noto su falta. Le rezo a menudo, a menudo durante mi turno en la Adoración Perpetua. Una de las oraciones al Espíritu Santo más conocida es el Veni creator spiritus. Es una oración que hay que rezar en latín. Aunque no entiendas lo que estás diciendo, tellena. En Español no es lo mismo. Y mejor cantarla. Es de las canciones más bonitas que conozco.
Os dejo la versión en latín, su traducción al Español y un video de YouTube para que lo podáis rezar escuchando.
Veni, Creator Spíritus
Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita.
Imple superna gratia, quae tu creasti pectora,
Qui diceris Paraclitus, altissimi donum Dei,
Fons vivus, ignis, caritas et spiritualis unctio.
Tu septiformis munere digitus Paternae dexterae;
Tu rite promissum Patris, sermone dittans guttura.
Hostem repellas longius, pacemque dones protinus;
Ductore sit te praevio, vitemus omne noxium.
Per te sciamus, da, Patrem noscamus atque Filium,
Teque utriusque Spiritum credamus omni tempore.
Deo Patri sit gloria, eiusque soli Filio
Cum Spiritu Paraclito, regnans per omne saeculum.
Amen.
Ven, Espíritu Creador Ven, Espíritu Creador, visita nuestras almas y, pues, Tú las creaste, llénalas de tu gracia Oh don de Dios Altísimo, abogado te llaman; fuego, amor fuente viva; suave unción del alma. Tú, dedo de Dios Padre, siete dones regalas; Tú, de Dios fiel promesa, inspira las palabras. Tú nuestra mente alumbra, Tú nuestro amor inflama y con tu fuerza anima a nuestra carne flaca. Ahuyenta al enemigo, infúndenos tu calma, dirige nuestros pasos y de nosotros el mal aparta. Enséñanos al Padre y al Hijo nos declara, y en ti, de ambos Espíritu, crea nuestra fe santa. Gloria al Padre por siempre, gloria al Hijo preclaro, gloria al divino Espíritu, que siempre reina y manda. Amén.