domingo, 31 de diciembre de 2017

Que Él es la paz verdadera

En la misa de Navidad una niña recitó un poema ante el niño Jesús. Sus padres muy amablemente me pasaron la letra y me dijeron que era de Juan del Encina. He buscado un poco y he descubierto que es el final de la Égloga de la noche postrera de Carnal. Una égloga es una pequeña pieza teatral en verso. Este poema final es un villancico, que en esos tiempos era simplemente una forma de canción y en general no estaba asociada a la Navidad. Pero aunque no la compusiera Juan del Encina para la Navidad sino de preparación a la Cuaresma, es muy adecuada para estos días.


Villancico
Égloga de la noche postrera de Carnal
Juan del Encina

Roguemos a Dios por paz,
pues que de Él sólo se espera
que Él es la paz verdadera.

Él, que vino desde el Cielo,
a ser la paz en la Tierra,
Él quiera ser de esta guerra 
nuestra paz en este suelo, 
pues que de Él solo se espera 
que Él es la paz verdadera.

Mucha paz nos quiera dar
Él que a los cielos da gloria,
Él nos quiera dar victoria,
si es forzado guerrear;
mas si se puede excusar
denos paz muy placentera
que Él es la paz verdadera.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Novena de la Inmaculada

Una novena es una oración que se reza durante varios días, típicamente nueve, y en la que solicitan la intercesión a Jesús, la Virgen o algún santo para una intención concreta. Proviene probablemente de los nueve días de oración que hicieron los Apóstoles entre la Ascensión y Pentecostés. En el caso de novenas específicas de alguna fiesta se reza los nueve días anteriores a la fiesta en cuestión. Una de las novenas con más tradición es la novena de la Inmaculada, que se empieza a rezar el 29 de noviembre y acaba en la víspera de la Inmaculada, el 7 de diciembre.

Esta novena tiene 4 partes: una oración inicial con la petición, una oración específica del día  y dos oraciones finales, con 3 avemarías intercaladas entre ellas.

Una novena requiere una cierta perseverancia y quizá sea eso el que lo haga tan poderosa, no sólo para conseguir lo que se pide, sino para cambiar tu alma.


Novena a la Inmaculada Concepción

Oración inicial

Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida por Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción: así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que por la gracia de Dios has sido elegida para ser Madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.

A ti, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta novena, para rogarte que nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado.

Acordaos, Virgen Santísima, que habéis sido hecha Madre de Dios, no sólo para vuestra dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano.  Acordaos que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado.  No me dejéis, pues, a mí tampoco, porque si me dejáis me perderé; que yo tampoco quiero dejaros a vos, antes bien, cada día quiero crecer más en vuestra verdadera devoción.

Y alcanzadme principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana, y la tercera, una buena muerte.  Además, dadme la gracia particular que os pido en esta novena (hágase aquí la petición que se desea obtener).

Oración del día

Para el día primero (29 nov) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como preservaste a María del pecado, original en su Inmaculada Concepción, y a nosotros nos hiciste el gran beneficio de libramos de él por medio de tu santo bautismo, así te rogamos humildemente nos concedas la gracia de portarnos siempre como buenos cristianos, regenerados en ti, Padre nuestro Santísimo.

Para el día segundo (30 nov) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como preservaste a María de todo pecado mortal en toda su vida y a nosotros nos das gracia para evitarlo y el sacramento de la confesión para remediarlo, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la gracia de no cometer nunca pecado mortal, y si incurrimos en tan terrible desgracia, la de salir de él cuanto antes por medio de una buena confesión.

Para el día tercero (1 dic) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como preservaste a María de todo pecado venial en toda su vida, y a nosotros nos pides que purifiquemos más y más nuestras almas para ser dignos de ti, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la gracia de evitar los pecados veniales y la de procurar y obtener cada día más pureza y delicadeza de conciencia.

Para el día cuarto (2 dic) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como libraste a María de la inclinación al pecado y le diste dominio perfecto sobre todas sus pasiones, así te rogamos humildemente, por intercesión de María Inmaculada, nos concedas la gracia de ir domando nuestras pasiones y destruyendo nuestras malas inclinaciones, para que te podamos servir, con verdadera libertad de espíritu, sin imperfección ninguna.

Para el día quinto (3 dic) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como, desde el primer instante de su Concepción, diste a María más gracia que a todos los santos y ángeles del cielo, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos inspires un aprecio singular de la divina gracia que tú nos adquiriste con tu sangre, y nos concedas el aumentarla más y más con nuestras buenas obras y con la recepción de tus Santos Sacramentos, especialmente el de la Comunión.

Para el día sexto (4 dic) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como, desde el primer momento, infundiste en María, con toda plenitud, las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo, así te suplicamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas a nosotros la abundancia de estos mismos dones y virtudes, para que podamos vencer todas las tentaciones y hagamos muchos actos de virtud dignos de nuestra profesión de cristianos.

Para el día séptimo (5 dic) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como diste a María, entre las demás virtudes, una pureza y castidad eximía, por la cual es llamada Virgen de las vírgenes, así te suplicamos, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas la dificilísima virtud de la castidad, que tantos han conservado mediante la devoción de la Virgen y tu protección.

Para el día octavo (6 dic) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como diste a María la gracia de una ardentísima caridad y amor de Dios sobre todas las cosas, así te rogamos humildemente, por intercesión de tu Madre Inmaculada, nos concedas un amor sincero de ti, ¡oh Dios Señor nuestro!, nuestro verdadero bien, nuestro bienhechor, nuestro padre, y que antes queramos perder todas las cosas que ofenderte con un solo pecado.

Para el día noveno (7 dic) – Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro: así como has concedido a María la gracia de ir al cielo y de ser en él colocada en el primer lugar después de Ti, te suplicamos humildemente, por intercesión de María Inmaculada, nos concedas una buena muerte, que recibamos bien los últimos Sacramentos, que expiremos sin mancha ninguna de pecado en la conciencia y vayamos al cielo, para siempre gozar, en tu compañía y la de nuestra Madre, con todos los que se han salvado por ella.

Oraciones finales

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.  A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón.  Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

Rezar tres Avemarías.

Tu Inmaculada Concepción, oh Virgen Madre de Dios, anunció alegría al universo mundo.

Oremos: Oh Dios mío, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, preparaste digna habitación a tu Hijo: te rogamos que, así como por la previsión de la muerte de tu Hijo libraste a ella de toda mancha, así a nosotros nos concedas por su intercesión llegar a ti limpios de pecado.  Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.  Amén.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Oración de Sta. Maravillas de Jesús

Gracias al Padre Manuel Martínez Cano conocí esta preciosidad de Santa Maravillas de Jesús. (recomiendo seguir al Padre Cano por Twitter (@PCano2) e ir visitando su blog Contracorriente).
No conocía esta santa madrileña, nacida en 1891 y muerta en 1974. De familia noble, se hizo carmelita en 1921. En 1924 fundó su primer convento y fundó siete más (uno de ellos en la India) el resto de su vida. El último, el de la Aldehuela, en Getafe, donde estuvo hasta su muerte en 1974. Fue beatificada en Roma por San Juan Pablo II el 10 de Mayo de 1998 y canonizada por el mismo Papa el 3 de Mayo de 2003 en Madrid.

La oración de hoy es una que ella escrita por ella misma en una estampa en noviembre de 1935 y que solía rezar. Podéis ver, supongo que un facsímil de la estampa, en la página del P. Cano.

Me quedé prendado de la oración porque es corta, pero, como ella dice, lo «resume todo y repara todo.» Es una oración de petición, pero también de exigencia personal y sumisión al Santísimo.

Aquí os la dejo.


Oración de Sta. Maravillas de Jesús

Oh divino Corazón Maestro y Salvador de mi vida!

Quiero acabar de una vez dándome a Ti completamente y para siempre y para esto te hago esta oración que resume todo y repara todo.

Concédeme, yo te suplico, la gracia de que no salga de esta vida sin haber alcanzado el grado de perfección que debo alcanzar, sin haber hecho todo el bien que debo hacer y sin haberte dado toda la gloria que yo te debo dar.

Para alcanzar esto y reparar todo el tiempo perdido, toma ¡oh Corazón divino! aquellos medios que Tú sabes me son necesarios.

Yo acepto todo...


viernes, 10 de noviembre de 2017

Trisagio solemne a la Santísima Trinidad

La palabra trisagio viene del griego Trisagion y significa “tres veces santo”. Un trisagio es un himno a la Santísima Trinidad en el que normalmente se repite la palabra “santo” tres veces. El Santo de la misa es el más conocido. En el devocionario de mi abuelo hay un trisagio solemne que me gusta rezar en mi turno de adoración. Rezado a coro debe ser precioso.


Trisagio solemne a la Santísima Trinidad

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Acto de contrición. Oh Señor mío y Dios mío, trino y uno, Señor de inmensa majestad y Padre de infinita bondad: postrado ante vuestra augusta presencia os pido perdón por todos los pecados con que os he ofendido. Me pesa, Señor mío y Dios mío, de haberos ofendido, por ser vos quien sois, tan santo, tan bueno, tan digno de ser amado sobre todas las cosas. Perdonadme, por vuestra infinita bondad y misericordia, y dadme gracia para que jamás, en adelante, os ofenda, sino que me enmiende y persevere en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Gloria al Padre…

Oración al Padre eterno. Oh Padre eterno, Padre omnipotente, que nos has creado para alabarte, reverenciarte y servirte y has creado para nosotros todas las cosas, para que con ellas podamos alabarte; Padre amantísimo, que amas tanto al mundo, que nos has dado a tu propio Hijo, nuestro Señor Jesucristo: rogámoste, oh Señor, que pues nos has creado para ti, nos lleves a ti, y, pues nos has dado, para salvarnos, a tu Hijo, no permitas que nos perdamos, sino, por los méritos del Hijo y con la gracia del Espíritu Santo, lleguemos a tu gloria y en ella te alabemos sin fin. Amén.

Padrenuestro y Avemaría.

Luego se dice nueve veces:
V./ Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
R./ Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Oración al Hijo. Oh Hijo divino del Eterno Padre; Sabiduría infinita, por quién conocemos al Padre; Redentor nuestro, que para reconciliarnos con el Padre, bajaste del cielo, te hiciste hombre y te entregaste a la muerte por nosotros. Te rogamos, oh Señor, que, pues eres el camino para ir al Padre, verdad para conocerle y vida para amarle, nos concedas llegar a Él, verle y amarle en la gloria eternamente por tus méritos y con la gracia del Espíritu Santo, para alabarte sin fin. Amén.

Padrenuestro y Avemaría.

Luego se dice nueve veces:
V./ Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
R./ Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Oración al Espíritu Santo. Oh Espíritu Santo, oh Amor divino, Bondad de Dios, Abogado de los hombres ante el Padre, Padre de los pobres, Dador de los dones, Luz de los corazones, Consolador óptimo, Fortaleza de los débiles, Santificador de la Iglesia. Pues borras los pecados del mundo, justifícanos; pues haces hijos de Dios, renuévanos; envía a nuestra mente tu luz para que conservemos la fe; difunde en nuestros corazones tu amor, para que tengamos caridad, y enriquece nuestras almas con tus virtudes y dones, para que practiquemos con fortaleza nuestros deberes de cristianos, y lleguemos a tu gloria para alabaros y amaros, al Padre, al Hijo y a ti, oh Espíritu Santo.

Padrenuestro y Avemaría.

Luego se dice nueve veces:
V./ Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
R./ Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Antífona. A vos, Dios Padre ingénito; a vos, Hijo unigénito; a vos, Espíritu Santo Paráclito, santa e individua Trinidad, de todo corazón os confesamos, alabamos y bendecimos. A vos se dé la gloria por los siglos de los siglos.

V./ Bendigamos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
R./ Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.

Oración. Omnipotente y sempiterno Dios, que nos has concedido a tus siervos el don de conocer la gloria de la eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe, y la de adorar la Unidad en el poder de tu majestad: te rogamos que, por la firmeza de esta misma fe, nos libremos siempre de todas las adversidades. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Oración franciscana por la paz

Hoy, 4 de octubre, celebramos a San Francisco de Asís. Hay dos oraciones muy conocidas, una es el Cántico de las criaturas, compuesta un año o dos antes de su muerte. La otra es la conocida como Oración franciscana por la paz u Oración de San Francisco… que no es suya: es anónima y fue compuesta a principios del S.XX. Aparece por primera vez en 1912 en una revista católica francesa. La temática y el estilo sí que se parecen mucho a otras oraciones y escritos de S. Francisco. Parece ser que alguien la puso en el reverso de una estampa del santo y a partir de ahí se creyó que la compuso él. Los franciscanos no se la atribuyen, pero la presentan en su Directorio franciscano como Oración franciscana por la paz. La versión que publico aparece en la novela gráfica de José Luis Cortés, Francisco, el buenagente.

Oración de San Francisco
Anónimo, erróneamente atribuido a S. Francisco de Asís

Haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz.

Que donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga perdón;
donde haya discordia, ponga unión;
donde haya error, ponga verdad;
donde haya duda, ponga confianza;
donde haya desesperación, ponga esperanza;
donde haya tinieblas, ponga luz
y donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Haz, en fin, Señor,
que no me empeñe tanto
en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.

Porque dando es como se recibe,
olvidando es como se encuentra,
perdonando se es perdonado
y muriendo se resucita a la vida que no conoce fin.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Coronilla de San Miguel

Hoy es el día de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Y hoy hace un año que descubrí la coronilla de San Miguel, que he rezado semanalmente (o así). Esta coronilla, también llamada Rosario de los ángeles, es de mediados del S. XVIII y cuentan que fue a resultas de una aparición de S. Miguel a la monja portuguesa Sierva de Dios Antonia de Astónac. Un siglo después el Papa Pío IX concedió indulgencias parciales a los que lo rezaren.

No sé si la aparición fue real o no, en todo caso es una oración que me gusta rezar. Se pide 9 veces la intercesión de S. Miguel, cada vez con el apoyo de uno de los nueves coros celestiales: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Potestades, Virtudes, Principados, Ángeles y Arcángeles. Cada petición es para un favor concreto: obtener la caridad perfecta, la perfección cristiana, humildad, obediencia etc.  Todas esas cosas que tanta falta me hacen. Quizá por eso me gusta rezarla. Tras cada petición se reza un Padrenuestro y tres Avemarías.

Se asegura que los que rezan asiduamente y con devoción esta coronilla tendrán la protección de S. Miguel. En particular, el arcángel Miguel prometió a quien rece la coronilla:
  • Enviar un ángel escogido de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la comunión.
  • Y a quienes reciten estas nueve salutaciones todos los días les asegura que disfrutarán de su asistencia continua durante esta vida y también después de la muerte. Serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.

Coronilla de San Miguel

V./ Oh Dios, Ven en mi ayuda.
R./ Señor, apresúrate en socorrerme.
Gloria al Padre, etc…
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro celestial de los Serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas, y así recibir dignamente en nuestros corazones el fuego de la Caridad perfecta. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro celestial de los Querubines, Que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado y seguir el camino de la Perfección Cristiana. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro celestial de los Tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro celestial de Dominaciones, que Dios Nuestro Señor nos conceda la Gracia de controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Potestades, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro de las Virtudes, que Dios Nuestro Señor nos libre de todo mal y no nos deje Caer en la tentación. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro celestial de los Principados, que Dios Nuestro Señor se libre llenar nuestras almas con el verdadero espíritu de la obediencia. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro celestial de los Arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la Gracia de perseverancia final de la Fe y en las Buenas obras y así nos lleve a la Gloria del Paraíso. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
  • Por la intercesión de San Miguel y el Coro celestial de los Ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la Gracia de ser protegidos por ellos durante esta vida mortal y que nos guíen a la Gloria Eterna. Amén.  Un Padrenuestro y tres Avemarías.
A San Miguel Arcángel.  Padrenuestro.
A San Gabriel.  Padrenuestro.
A San Rafael.  Padrenuestro.
Al Ángel de la Guarda.  Padrenuestro.

Oh Glorioso Príncipe, San Miguel, Jefe Principal de la Milicia celestial: Guardián fidelísimo de las almas: Vencedor eficaz de los espíritus rebeldes; fiel Servidor en el Palacio del Rey Divino, sois nuestro admirable Guía y Conductor.  Vos que brilláis con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, libradnos de todo mal.  Con plena confianza recurrimos a vos.  Asistidnos con vuestra afable protección; para que seamos más y más fieles al servicio de Dios, todos los días de nuestra vida.
V./ Rogad por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R./ Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oremos. Omnipotente y Eterno Dios, os adoramos y bendecimos. En vuestra maravillosa Bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, habéis escogido al glorioso Arcángel, San Miguel, como Príncipe de vuestra Iglesia. Humildemente os suplicamos, Padre celestial, que nos liberéis de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitáis que ningún espíritu maligno se nos acerque, para perjudicar nuestras almas. Oh Dios y Señor nuestro, guiadnos por medio de este mismo Arcángel. Enviadle que nos conduzca a la Presencia de vuestra Excelsa y Divina Majestad. Os lo pedimos por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor.  Amén




miércoles, 27 de septiembre de 2017

Oración de San Miguel

Dicen que el Papa Leon XIII tuvo una visión en la que Satanás le pedía tiempo y poder para poder destruir la Iglesia y Jesucristo se lo concedía. He buscado confirmación de la existencia de esta visión y he encontrado demasiadas inconsistencias: unos la sitúan el 13 de octubre de 1884, otros el 25 de septiembre de 1888. Unos dicen que el papa quedó en éxtasis unos minutos, otros que quedó inconsciente y pensaban que había muerto; unos dicen que Satanás pidió 75 años, otros dicen que 100. No me queda claro qué hay de verdad en esta historia.

Lo que sí he podido comprobar es que Leon XIII compuso y publicó en 1888 una oración en la que pide a S. Miguel que defienda la Iglesia y que dio orden de que se rezara al final de cada misa. Por esta orden papal, la oración a S. Miguel se incorporó a la misa. En 1934 la oración se acortó y tras el Concilio Vaticano II se suprimió del misal.

En los últimos 50 años hablar del demonio y del infierno está muy mal visto en la Iglesia. Como he comentado en mi otro blog, esto es un grave error. Aprovechando que se acerca la festividad de S. Miguel, os transcribo la oración de Leon XIII, tanto la original como la versión breve. En estos momentos de embrollo y división en la Iglesia necesitamos rezarla a menudo.


Oración de S. Miguel
(versión corta de 1934)
Arcángel S. Miguel, defiéndonos en la batalla: sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, lanza al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros malignos espíritus que discurren por el mundo para la perdición de las almas. Amén
Sancte Michaele Archangele, defende nos in proelio, contra nequitam et insidias diaboli esto praesidium. Imperit illi Deus, suplices deprecamur; tuque, Princeps militiae coelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui a perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen.


Oración de S. Miguel
(versión completa, Leon XIII,  de 1888: Acta Sanctae Sedis, Vol. XXIII, 1890-91, pp. 743 y ss.)
¡Oh glorioso príncipe de las milicias celestiales, S. Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate y terrible lucha que tenemos que sostener contra los poderes y potestades, contra los príncipes de este mundo de tinieblas y contra los malignos espíritus! Venid en auxilio de los hombres que Dios hizo inmortales, formó a su imagen y semejanza y redimió a gran precio de la tiranía del demonio. Pelea en este día con el ejército de los santos ángeles las batallas del Señor, como peleaste en otra ocasión con Lucifer, jefe de los soberbios, y contra los ángeles apóstatas, que fueron impotentes a resistiros y para los cuales no hubo ya lugar en el cielo.
Sí, ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama demonio y Satanás, que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al fondo del abismo. Pero he aquí que este antiguo enemigo, este primer homicida, ha levantado fieramente la cabeza. Transfigurado en ángel de luz y seguido de toda la turba de espíritus malditos, recorre la tierra entera para apoderarse de ella y desterrar el nombre de Dios y de su Cristo para robar, matar y entregar a la eterna perdición las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Además de los hombres de alma ya pervertida y corrompido corazón, este dragón perverso lanza encima, como un torrente de fango impuro, el veneno de su malicia, es decir, el espíritu de mentira, de impiedad y blasfemia, y el soplo emponzoñado de la impureza, de los vicios y de todas las abominaciones.
Enemigos llenos de astucia han llenado de injurias y saturado de amargura la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado y sobre sus más sagrados bienes han puesto sus manos criminales. En el mismo lugar santo, donde ha sido establecida la silla de Pedro y la cátedra de la verdad, que debe iluminar el mundo, han alzado el abominable trono de su impiedad, con la intención perversa de herir al Pastor y dispersar el rebaño.
Te suplicamos pues, oh Príncipe invencible, contra los ataques de esos espíritus réprobos, auxilia al pueblo de Dios y dale la victoria. Este pueblo te venera como su protector y patrono y la Iglesia se gloría de tenerte como defensor contra los malignos poderes del infierno. A ti te confió Dios el cuidado de conducir las almas a la beatitud celeste. Ruega pues al Dios de la paz que ponga bajo nuestros pies a Satanás vencido y de tal manera abatido que no pueda nunca más mantener a los hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia. Presenta nuestras oraciones ante la mirada del Todopoderoso para que las misericordias del Señor nos alcancen cuanto antes. Somete al dragón, la antigua serpiente que es diablo y Satán, encadénalo y precipítalo en el abismo, para que no pueda seducir a los pueblos. Amén.
V./ He aquí la Cruz del Señor, huyan potencias enemigas.
R./ Venció el León de Judá, el retoño de David.
V./ Que tus misericordias, oh Señor, se realicen sobre nosotros.
R./ Como hemos esperado de ti.
V./ Señor, escucha mi oración.
R./ Y que mis gritos se eleven hasta ti.
 Oremos: Oh Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre e imploramos insistentemente tu clemencia, para que por la intercesión de María Inmaculada siempre Virgen, Madre nuestra,  y del glorioso S. Miguel Arcángel, te dignes auxiliarnos contra Satán y todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas. Amén.